En los días navideños me hago siempre un regalo: veo películas de Navidad. Es una costumbre heredada de mi padre. Tenía él un “cinito” -así le decíamos al pequeño proyector- en el cual nos pasaba películas de 8 milímetros, en blanco y negro, mudas, desde luego, enviadas por una compañía cuyo nombre no he olvidado: Castle Films.

Entre esas películas había verdaderos tesoros. Estaba el primer film que hicieron juntos Laurel y Hardy en sus roles de El Gordo y el Flaco: el cortometraje “Do detectives think?”. Hace un par de años encontré la versión completa en una tienda de Londres. Había cosas de Chaplin que jamás he vuelto a ver ni siquiera en las antologías más completas. Las primeras apariciones de Mickey Mouse y Donald Duck se hallaban también ahí. Y había una serie de dibujos animados en donde aparecía un personaje llamado “El reyecito”, creación de O. Soglow. Tenían tema navideño esas caricaturas, y las veíamos una y otra vez hasta que nuestro padre apagaba el proyector, “porque podía fundirse el foco”, nos decía.

De ahí me viene quizá esta costumbre de ver películas de Navidad. Las joyas de mi colección son dos, una de ayer, la otra de hoy. La de ayer es ”It’s a wonderful life”, la gran creación de Frank Capra. Larga vida vivió este director: nació en 1897 y murió en 1991. Su arte estribó en llevar a la pantalla la vida de la gente común; dio categoría épica a los pequeños dramas de la existencia cotidiana. En “It’s a wonderful life” Capra narró con ternura y humor una especie de cuento de hadas celestial, la historia de un ángel que no tenía alas, enviado a la Tierra a conseguirlas haciendo el bien a algún hombre. El hombre es James Stewart, quizá en la mejor actuación de su carrera. No hay clásico mayor en el cine de Navidad que esta película: en Estados Unidos es obligado verla por estos días, tan obligado como que el jefe de familia recite “The night before Christmas”.

Mi película navideña favorita, sin embargo, es de estos tiempos. Se llama “Christmas vacation”, y es de Chevy Chase. Luly, mi adorada hija, la pasó el lunes pasado en el cine club de Radio Concierto, y la gente que llenó la sala rió y se conmovió con ella. Obra maestra de humor, en esa película aparece Chevy Chase en su papel de Clark Griswold, encarnación de la buena voluntad y el optimismo, pero también de la escasa habilidad para hacer bien las cosas. Empeñado en dar a su familia una inolvidable Navidad, incurre en toda suerte de exageraciones y grandes desatinos. Algo nos contagió, quizá: pienso que la costumbre de adornar la fachada de nuestra casa con profusión de luces nos viene en buena parte de ese filme.

¡Qué excelente película es esa! En ella se disfruta la magistral actuación de Randy Quaid. Otro espléndido actor, William Hickey, coronó su larguísima carrera con esa película: murió poco después de terminarla. El film está dedicado a su memoria.

Leyendo con cuidado los créditos de la película me llevo una sorpresa que no deja de causarme una vaga emoción: el segundo director asistente es Frank Capra III, nieto del director de “It’s a wonderful life”. Aprendo una vez más que la vida es una cadena cuyos eslabones no se rompen nunca. Y aprendo también que la vida siempre continúa, maravillosa como en la película de Capra. Quizá en eso consiste el misterio de la Navidad.