Las grabaciones, que habrían sido realizadas por ex agentes del Mossad israelí, contienen lo que bien puede considerarse una confesión completa respecto de la forma en que las redes de corrupción han operado en la petrolera mexicana

Señalar que México padece un gravísimo problema de corrupción -del que participan tanto el sector público como el privado- es algo que no constituye ninguna novedad para nadie a estas alturas. Lo que puede causar todavía algún asombro son los montos de las fortunas privadas amasadas merced al saqueo del tesoro público.

Uno de los casos paradigmáticos es el de Petróleos Mexicanos, la empresa pública más importante en la historia del país, debido a los monstruosos volúmenes de recursos que implica su operación cotidiana.

Al respecto, el presidente Andrés Manuel López Obrador ha señalado en forma repetida que la paraestatal fue saqueada en lo que él llama “el período neoliberal” y ha mencionado diversas cifras, relacionadas con contratos públicos, que habrían originado casos de corrupción.

El equipo del periodista Carlos Loret de Mola evidencia hoy -en la columna que publicamos en esta edición- uno de los casos mejor documentados en torno a la corrupción en Pemex: la grabación de un encuentro entre presuntos inversionistas de Medio Oriente y ex funcionarios de la petrolera.

La cifra más relevante que se menciona en las grabaciones reveladas es la que presuntamente habría “recaudado” un ex funcionario de Pemex, Carlos Morales, para apoyar la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto: más de dos mil millones de pesos.

Las grabaciones, que habrían sido realizadas por ex agentes del Mossad israelí, contienen lo que bien puede considerarse una confesión completa respecto de la forma en que las redes de corrupción han operado en la petrolera mexicana y cómo sus más altos funcionarios se han beneficiado de ello.

En teoría, por lo menos, eso no ocurre más, porque quienes se encuentran hoy al frente de la paraestatal y del Gobierno de la República tienen un compromiso con la honestidad, según se encarga de ratificarlo en forma permanente el presidente López Obrador.

Si eso es cierto -y es deseable que lo sea- no debemos preocuparnos más por los nocivos efectos que la corrupción ha tenido en el funcionamiento de Pemex. Pero no es suficiente que las redes de corrupción hayan desaparecido porque se fueron quienes las operaban. Además de eso es preciso que se diseñen e implementen mecanismos institucionales que impidan su resurgimiento en el futuro.

Por otro lado es necesario, desde luego, que se abran las investigaciones necesarias para que se finquen responsabilidades y se castigue a los responsables de hechos que se han denunciado públicamente hasta la saciedad pero que no se han documentado en la forma de procedimientos administrativos y/o penales.

La corrupción es un mal ampliamente extendido en la sociedad mexicana. A todos nos conviene que se le combata con intransigencia y con eficacia en los dos frentes que tiene esta guerra: el preventivo y el punitivo. La nueva administración asegura que en el primero de ellos ya podemos cantar victoria, ahora es preciso que en el segundo frente ocurra lo mismo.