Diario de un nihilista

 

Pesa su ausencia
pues se llevó los muebles.
El tiempo pesa.

Parla el borracho
en la barra su sánscrito;
arduo el espejo
desdobla sus vocablos:
vacua sabiduría.

El fin de fiesta
se anticipó a la fiesta:
feliz cumpleaños.

La lluvia a mediodía. Una cantina
de teporochos donde guarecerse.
¿Hace falta decir feliz cumpleaños?

Pura llama de alcohol:
la ebriedad es ceniza y es pavesa,
las ruinas de la euforia.

Sales de la cantina
y cada esquina es una encrucijada;
el alcohol es la rosa
de los vientos, que apunta a todas partes:
regresas siempre al punto del que partes.

Domingo de resaca.
Perora un evangélico en el parque.
Una dama fanática
me da un folleto. Hay un apocalipsis
dentro de mí. Ella ni lo imagina.
Si palpara la cábala
de mis huesos, descendería al gehena
y sabría que su Dios
es el genio encerrado en la botella
que me mató mientras lo rescataba.