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Incomodidad, costo y pocos lugares donde se vende lo hacen impopular

Para muchos es ficción. Aunque saben de su existencia no han tenido uno en sus manos. El condón femenino es real y poco a poco gana presencia como método anticonceptivo. En 2013, de acuerdo con cifras de la Secretaría de Salud (Ssa), 7 mil 100 mujeres lo usaron y el año pasado fueron 17 mil.

La población que lo elige es mínima, pues de las 4.5 millones de usuarias registradas por la dependencia que usan algún anticonceptivo, menos de 1 por ciento se inclina por esta opción. El director general adjunto de salud reproductiva de la Ssa, Rufino Luna Gordillo, considera que pese al incremento de más del doble en estos años, aún no es el esperado.

El condón femenino es un método que todas las mujeres pueden utilizar, evita embarazos no planeados e infecciones de transmisión sexual, ya que es altamente efectivo. De acuerdo con el especialista, por cada 100 mujeres que lo usan correctamente sólo tres tienen la posibilidad de quedar embarazadas.

Añade que entre sus ventajas está que se puede colocar hasta ocho horas antes de la relación sexual, no se rompe ni se daña con el uso de lubricantes para aumentar el placer, lo que no sucede con el preservativo masculino. También es viable utilizarlo durante el periodo menstrual; sin embargo, la accesibilidad es el principal obstáculo para su popularidad.

Yaret Gutiérrez Cruz, de la Fundación Mexicana para la Planeación Familiar (Mexfam), señala que es complicado adquirirlo en farmacias, pues son pocas las que los ofrecen, por lo que es necesario acudir a las tiendas de artículos eróticos (sexshops) o condonerías.

En comparación con el preservativo masculino, es más costoso: la caja con tres para hombres cuesta entre 50 y 60 pesos, mientras que uno para mujeres oscila entre 80 y 120 pesos, según el material, sea látex o poliuretano. No obstante, se puede solicitar en centros de salud sin costo y organizaciones como Mexfam los ofrecen en 25 pesos.

El diseño y la complejidad para ponerlo es otro de los factores que inhiben su uso. El condón es más grande que su similar para hombre, algunos consideran que tiene forma de bolsa, ya que contiene dos anillos, uno interno –que se introduce en la vagina– y otro externo que protege la vulva; además, tiene más lubricante para colocarlo con mayor facilidad.

Para Gutiérrez Cruz el hecho de que el preservativo sea amplio es una ventaja, porque el anillo externo cubre más espacio y con ello brinda mayor protección para evitar infecciones de transmisión sexual, como el virus del papiloma humano.

A muchas mujeres la idea de tocar sus genitales tampoco les atrae, les preocupa que tengan que introducirlo en la vagina. Aunque pareciera incómodo, la especialista asegura que no lo es, ya que se adapta al canal vaginal. Para su uso correcto se requiere formar el número ocho con el anillo interno del condón y después introducirlo.

Agrega que algunos hombres han mencionado que el aro interno puede ser estimulante, mientras que para otros no, por lo que pide a las parejas probarlo.

Aunque pareciera extraño colocarlo hasta ocho horas antes de la relación sexual, explica que no inhibe ninguna acción, pero se requiere cuidado y una vez culminado el acto el condón debe retirarse.

Desde 1993, cuando se empezó a utilizar, se ha modificado poco; al principio, comenta la especialista, su diseño era menos atractivo y más amarillo, actualmente es transparente, aún no hay de colores o diferentes texturas. Este preservativo, a diferencia de otros, brinda a las mujeres mayor autonomía, pues no dependen de que su pareja quiera o no utilizar algún método anticonceptivo. El poder decidir sobre mi propia salud me parece que es una de las mayores virtudes, dicen.

Tanto Gutiérrez Cruz como Luna Gordillo coincidieron en señalar que se requiere mayor difusión de las ventajas que ofrece este método, que se hable de él para que más personas se animen a utilizarlo, pero también que el personal de los centros de salud lo recomienden más.