“En todo el mes no le he hecho el amor a mi mujer –le confió un individuo a su compadre–. El médico descubrió que es portadora de un extraño virus que me puede dejar sordo si tengo contacto sexual con ella”. Dijo el otro: “Hable más fuerte, por favor, compadre. No le oigo absolutamente nada”… Don Alacrano Ijoepú fue toda su vida un gran cabrón. (Hablo de su vida y no de bajada, como se dice cuando se habla mal de un muerto). El día que murió –mala hierba siempre muere– los vecinos de su calle acudieron en masa a la agencia funeraria. La viuda de don Alacrano les preguntó, al mismo tiempo asombrada y conmovida: “¿Vienen a presentar sus respetos a mi esposo?”. “No, señora –respondió uno por todos–. Venimos a ver si de veras está muerto”… A esta chica le dicen “La pizza”. En media hora se entrega… Master Bwana, famoso adiestrador de animales, consiguió que un pulpo aprendiera a tocar con depurada técnica y hondo sentimiento varios instrumentos musicales, a saber: la espineta, el batintín, la cornamusa, el figle, la zambomba, el bugle, la pipiritaña, el dulcémele, la carraca, el bombardino y el bajón. Un empresario contrató a Bwana para que llevara al pulpo a actuar en el Club Escocés de Ittoqqortoormiit, entrando por Scoresby a mano izquierda. El entrenador juzgó conveniente que el pulpo aprendiera a tocar también la gaita. Una vez que la dominara le enseñaría a interpretar “Amazing grace” para halagar a los nacidos en Escocia. Le puso, pues, al pulpo una gaita en su jaula a efecto de que se familiarizara con el instrumento. Al día siguiente le preguntó: “¿Aprendiste a tocar la gaita?”. “¿Tocarla? –se sorprendió el octópodo–. ¡Joder, toda la noche estuve tratando de cogérmela!”… Un pirulí es un sabroso dulce –azúcar pura– en forma de cono alargado y con un palito para poder chuparlo. Doy esta información porque seguramente la próxima importantísima denuncia que conoceremos contra Peña Nieto será que le quitó un pirulí a su primito cuando ambos tenían 5 años… Dijo solemnemente don Chinguetas: “El amor de una esposa por su esposo no reconoce límites. Supe de una mujer cuyo marido falleció, y ella murió el mismo día”. Alguien que escuchaba el relato exclamó con emoción: “¿De veras?”. “Sí –confirmó don Chinguetas–. Murió el mismo día, un martes, pero 30 años después”… A las 2 de la mañana sonó el teléfono en la casa del doctor Ken Hosanna. Levantó él la bocina, casi dormido, y oyó la voz de un paciente que le dijo: “¡Doctor, venga a mi casa! ¡Rápido, por favor!”. Preguntó el facultativo: “¿Qué le pasa?”. Contestó el hombre: “Me duele un poco el estómago”. El médico estalló: “¿Y por un leve dolor de estómago me llama a esta hora y me pide que vaya a su casa?”. Respondió con angustia el individuo: “Entiéndame, doctor. Mi esposa está consultando el libro ‘Qué hacer mientras llega el médico’. ¡Y si no llega usted me lo va a hacer!”… Hijo adolescente: castigo de Dios por haber disfrutado el sexo alguna vez… Doña Tebaida Tridua, presidenta ad vitam interina de la Pía Sociedad de Sociedades Pías y censora de la pública moral, calificó el cuento que sigue de “execrable, vitando, abominable y nefando”. Las personas que no gusten de leer cuentos así deben suspender ahora mismo la lectura… Afrodisio Pitongo, hombre proclive a la concupiscencia de la carne, pasó frente a la sección de cosméticos de una tienda departamental y se sorprendió al ver el anuncio de un tinte “para la intimidad más íntima de la mujer”. La dependienta notó el interés del cliente y le dijo con sonrisa traviesa: “Y lo tenemos en varios colores, señor”. “Olvídese del color –respondió con ansiedad Pitongo–. ¿En qué sabores viene?”. (No le entendí)… FIN.