La historia del Pit Bull podría ser la historia de cualquier otra raza que sometida a la mano del hombre pasa de estar en gracia a caer en desgracia. Por eso es importante sacar a la luz la historia de la raza.  

El conocimiento de una persona común sobre esta raza está normalmente sesgado, basado en mitos urbanos con el único fin de dañar la reputación de aquella. Contrariamente a lo que muestran los medios, no tenemos una plaga de Pit Bulls malvados. Desde los años 80, los Pit Bulls han sido responsables de la muerte de 3 personas al año en los Estados Unidos. 

Para empezar vivimos en una sociedad donde centenares de mujeres son asesinadas por su pareja, y conductores borrachos matan a 25.000 personas. Debemos preguntarnos si el “asunto Pit Bull” es realmente un asunto de seguridad o un pánico publicitario.  

En cierto momento de la historia canina el Pit Bull fue el perro más respetado y popular en América, hasta que le pusieron un ojo morado. Criminales están intentando pervertir su carácter y criadores de medio pelo, cambiar su genética, los medios de comunicación vendiendo historias sensacionalistas y comunidades enteras están intentando prohibir su cría, y aun así el Pit Bull sigue siendo el mismo perro hoy que hace 100 años, un fiel y leal amigo hasta el final.

Lo inaceptable es criminalizar a los perros por su raza e iniciar una satanización en su contra, como si estuviéramos libres de culpa y fuéramos los detentores naturales del bien. Si algo debe quedar claro en esta discusión, es que la “peligrosidad” potencial de un perro, cualquiera sea su raza, no es más que el reflejo de la “peligrosidad” de su tenedor o propietario, cualquiera sea su ascendencia. 

Los perros, como los niños, aprenden a comportarse como su entorno se los demanda; muchas veces, al precio de subsistir. Incluso, al del amor.

En casos de verdadera peligrosidad, la alarma que debería encenderse es social. 

Sabido es el uso de perros de las razas estigmatizadas en contextos mafiosos. De hecho, la ilegalidad es el único ambiente en el que su reproducción e importación se dan, aunque están prohibidas.

Por supuesto, los perros de las razas en cuestión deberían ir con correa y bozal (confortable) en espacios públicos, ojalá estar esterilizados y tener siempre las mejores condiciones locativas para expulsar toda esa energía que se les sale por los poros.

Más aún, el propietario o tenedor de un perro con carácter fuerte de cualquier raza, debería advertir de ello al desconocido antes de cualquier aproximación.

Y más simple de explicar: No a todas las persona les gusta que los acaricien, o les invadan su espacio vital. Además, los perros también responden a un lenguaje corporal. Todo es cuestión de trato. Los perros, como las personas, tienen sus maneras y momentos ¡No siempre estamos para batir la cola!

Frente a este tema, la instrucción de BRIGADA RESCATE es clara: cumplamos las normas, hagamos una tenencia responsable de nuestros perros y gatos (incluyendo su esterilización y castración), seamos respetuosos, tiernos y precavidos en el trato que les damos. 

La potencial peligrosidad habita en todos los animales humanos y no humanos. La de ellos es obra de nosotros. 

Denuncia el maltrato animal línea telefónica 066.¡Di NO a la indiferencia! #adoptanocompres