No hay quien no concuerde con una de las grandes metas de Andrés Manuel López Obrador. “Primero los pobres” es uno de sus lemas preferidos y una realidad que urge solventar. Imposible convivir con las nefastas herencias de los gobiernos previos y con 50 o más millones de pobres.

Una de las mayores lacras de la pobreza es la insalubridad. Techo, alimento y agua potable son también bienes indispensables sin los cuales es imposible pensar en un presente digno. Los bienes enlistados no compiten entre sí, cuando escasean, se retroalimentan en forma negativa. Si fuese necesario subrayar cuál de ellos es primero, la mayoría se decantaría por la salud. Sabedor del infierno que conlleva el binomio pobreza y enfermedad, recién iniciado el sexenio, AMLO comentó: “El servicio de salud en México será como en Canadá, Reino Unido o Dinamarca”, y agregó, “…será en dos años cuando se puedan ver los resultados en el sistema de salud ya que éste se encuentra en estado crítico”. Las aseveraciones anteriores no fueron desmentidas por Jorge Alcocer Varela, titular de Salud, ni por ninguno de los subsecretarios de esa dependencia.

En días recientes, tras la dimisión de Germán Martínez a la dirección del IMSS, afloraron discrepancias entre los directores de los Institutos de Salud y otros hospitales y las recientes acciones en el rubro salud decretadas por el Presidente. Ni médicos ni pacientes concuerdan con los recortes económicos.

La semana pasada, los directores de los Institutos Nacionales de Salud –Nutrición, Cancerología, Neurología, etcétera– se reunieron con diputados y senadores para indagar sobre las (sin) razones de los recortes al sector Salud en 2019. De acuerdo a la versión de los encargados de atender a los enfermos que ahí acuden, el recorte de más de 2 mil 300 millones de pesos afecta a los pacientes por la falta de medicamentos e insumos. La diferencia entre quienes dirigen hospitales y quienes hacen los recortes económicos, i.e., Secretaría de Hacienda y Crédito Público es, perogrullo dixit, obvia: los primeros tratan seres humanos enfermos y los segundos se ocupan de papeles.

Nadie niega el inmenso bache económico en el que se encuentra el País. Sanar o subsanar esa cruda realidad es imprescindible. Hacerlo requiere sacrificios y recortes económicos. Esas acciones exigen prioridades. Golpear a los enfermos pobres –“Primero los pobres”– es un craso error. Pobreza y enfermedad conforman una suerte de cáncer, muchas veces imparable. La espiral crece, nunca cesa: la enfermedad profundiza la pobreza y arrincona a los afectados en un callejón sin salida. “Gastos catastróficos” es el término utilizado para describir la inversión económica que hacen las familias pobres para ayudar a sus enfermos. Si las puertas de los hospitales gubernamentales se encuentran cerradas, o no cuentan con insumos, las familias acuden a la medicina privada, con frecuencia mediocre y casi siempre impagable para los muy pobres. Demoniaca realidad: las enfermedades de los pobres son más graves por su condición económica y por los destrozos que provocan en sus seres cercanos.

No huelga recordar que los Institutos Nacionales de Salud siempre han gozado de privilegios: si en ellos faltan recursos, ¿qué sucede en el resto del País, en los hospitales ubicados en regiones depauperadas acostumbrados a trabajar con parafernalia escasa?

En contra de la visión de los médicos, el Presidente aseguró días atrás, “Si hay falta de medicamentos o de equipos en los institutos de inmediato se resuelve porque hay presupuesto, pero además, que quede también absolutamente claro, para la salud del pueblo, para la educación del pueblo, no hay límite en cuanto a presupuesto”. Y agregó, retomando sus ideas: “El compromiso es que vamos a tener en el sexenio un sistema de salud pública como el de Canadá, es el compromiso, atención médica, medicamentos gratuitos, centros de salud, hospitales suficientes, buenos equipos, buenos laboratorios, médicos suficientes y especialistas”.

En los Institutos y en diversos hospitales de especialidades a nivel nacional se dice que la falta de recursos podría provocar muertes de enfermos, bebés y mujeres. Aparentemente, la información no es clara. Hacienda disminuirá los recortes económicos; aunque esa noticia sea veraz, es incomprensible por qué se actuó de esa forma. Buen termómetro es la opinión de los médicos que trabajan en el sector Salud. Con ellos deberían dialogar los encargados de Hacienda.