Especial/ El ejemplo más palpable y práctico para el poder es el Estado; ya que como organización política, es el único que detenta el poder legítimo de ejercer la fuerza para obtener la obediencia de sus mandatos y fundamentalmente, para respetar y hacer
Al poder tampoco le basta que el individuo proclame su obediencia, ya que no solamente es un asunto discursivo

Casi siempre, la palabra poder la asociamos a la capacidad o posibilidad de obrar, de producir efectos, y puede ser referida ya sea a individuos o grupos humanos como a objetos o fenómenos de la naturaleza. En el terreno social, esto se precisa y se convierte en la capacidad de obrar, en la capacidad del hombre para determinar la conducta del hombre. Por otra parte, la calumnia, la podemos entender como un tipo de mentira que consiste en acusar o atribuir con falsedad y malevolencia a alguien. Suelen ser palabras, hechos o intenciones con el propósito de hacer daño y qué por lo general, no son atribuibles a la persona calumniada, o bien esta persona nunca dijo, hizo o manifestó tales propósitos.

El ejemplo más palpable y práctico para el poder es el Estado; ya que como organización política, es el único que detenta el poder legítimo de ejercer la fuerza para obtener la obediencia de sus mandatos y fundamentalmente, para respetar y hacer respetar el derecho y la facultad de cada individuo de hacer o no hacer, sin invadir la esfera de autonomía y derecho de cada individuo. El poder político es un dominio que se asienta en la violencia. Su lugar o preeminencia se da en una relación de fuerzas.

Foucault admite de hecho la existencia de una amplia red de poderes que se localizan de distinta forma y lugar: el trabajo, la escuela, la iglesia, la familia, los hospitales, etcétera, que sirven para que el poder estatal no pierda su lugar central sino que por el contrario sirvan para elevarlo y por medio de esta red lo socializan hasta llegarlo a penetrar por todos los poros del cuerpo social y de esta manera prevalece por sobre todos los poderes.

Por otra parte, Nicolás Maquiavelo -el autor de El príncipe- fue realista: no hay poder sin fuerza, un poder que no domina no es poder. El poder solo existe si domina y sólo domina si es obedecido. Necesita la obediencia como elemento esencial y, por ello, la genera y reclama ya que es la garantía de su existencia. Esta obediencia también es histórica al adoptar formas que van desde la obediencia generalizada que imponen los regímenes despóticos o los autoritarios contemporáneos, hasta la obediencia legalizada y regulada, característica de las democracias actuales que con sus libertades formales, abren cierto espacio a la desobediencia.

Volviendo a Maquiavelo, la calumnia, es un poderoso recurso en manos de los ambiciosos. Creo que en términos prácticos, suele ser una amenaza para la ciudad. Las acusaciones públicas son beneficiosas, las calumnias envenenan al Estado. Su diferencia radica en que el calumniador no requiere de testigos ni pruebas en lo que dice, en cambio, en la acusación requiere de pruebas y evidencias que se sustenten.

Creo que la calumnia y el poder -en distintas facetas- revelan una cierta relación. Por ejemplo, un Estado que hace caso omiso a su papel de centinela de las leyes y las instituciones, para convertirse en el gran calumniador deja de lado a la libertad y a sus ciudadanos. Generalmente, esto ocurre cuando utiliza de manera facciosa su poder coercitivo, renunciando tambien a procedimientos judiciales ordinarios y por el contrario, hace de la difamación su metodo de elección. Creo que esto lo podemos señalar en el pasado y el presente de distintas esferas de gobierno.

Finalmente, al poder tampoco le basta que el individuo proclame su obediencia, ya que no solamente es un asunto discursivo, aunque muchas de las veces vaya acompañado del discurso correspondiente. El gobernante puede expresar su dominio a través del discurso. La fuerza simbólica siempre es avalada por la fuerza real. Marx sostuvo que al poder no se llega fuera de él sino a través del poder mismo; el hablaba de un poder revolucionario, una vez que se destruye el poder constituido, pero creo que, no solo se trata de acceder al poder y de hacer uso de su función represiva, sino de poner fin al poder mismo como cuestión de dominio.

Abraham Alvarez

 

@abraham_AAR