Mujeres de grupos colectivos feminista se manifestaron al exterior de las instalaciones del periódico La Prensa | Foto: Cuartoscuro
La Secretaría de Seguridad Ciudadana de la CDMX aseguró que sus policías solo portaban equipos de protección personal que no incluyó gases, pero la Comisión de Derechos Humanos capitalina aseguró que hubo un exceso del uso del extintor

“Yo le llamaría un exceso del uso del extintor”. La frase de la presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, Nashieli Ramírez, define lo que pasó este viernes en la manifestación de mujeres que exigían justicia por el feminicidio de Ingrid Escamilla y reclamaban que los medios no lucren con la fotografía de su cuerpo desollado.

Y es que la policía capitalina usó un recurso que no se había visto en la serie de protestas feministas de los últimos meses: disparar extintores directamente a la cara de las manifestantes, de los que salía un humo verde que provocaba ardor en ojos, garganta y ataques de tos. Eso a pesar de que hubo menos destrozos que en marchas anteriores.

No fue una vez, sino varias. La mayoría de rociadas de este gas ocurrieron cuando el contingente se manifestaba afuera de las instalaciones del periódico La Prensa, en la calle Basilio Badillo; la última en las escalinatas del Ángel de la Independencia, donde terminó la manifestación, cuando las chicas solo estaban gritando consignas contra los feminicidios y pintando los tablones de madera que desde hace meses rodean al monumento.

A pesar de las múltiples ocasiones en las que se lanzó este humo, como quedó registrado en videos, la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México aseguró que sus policías solo portaban equipos de protección personal que no incluyó gases.

Marabunta desmintió estas declaraciones. “Fuimos testigos del uso indebido de extintores de polvo químico seco sobre las manifestantes, la presidenta y personal de la CDHDF también fueron roceados y 2 integrantes de marabunta fueron directamente atacados con gas pimienta”.

La concentración había iniciado de forma pacífica a partir de las 4 de la tarde en la antimonumenta por los feminicidios, instalada frente al palacio de Bellas Artes. Recinto que estuvo protegido por vallas y que nadie intentó sobrepasar. Las manifestantes solo crearon una cruz gigante en el suelo con pliegos de papel rosa, flores, fotos de Ingrid Escamilla, asesinada con saña el 9 de febrero por su pareja, y de otras víctimas.

El objetivo de la manifestación se puso en claro desde el principio: “El plan ahorita es dirigirnos hacia el periódico La Prensa para exigir una disculpa pública por la filtración y publicación de las imágenes de Ingrid Escamilla”, dijo una chica ante las cerca de 350 mujeres que se reunieron, según cifras oficiales.

Explicó que por la mañana un pequeño grupo acudió al diario Reforma y su filial Metro y ahí dialogaron con directivos para pedir una cobertura con perspectiva de género, por lo que ahora intentarían hacer lo mismo, y que no iban al periódico Pásala, que publicó la foto más explícita, porque se encuentra en la carretera hacia el Ajusco y por seguridad no sería posible.

“Y queremos apelar no solamente a los medios de comunicación, sino que se empiece a legislar el tema de la protección a las víctimas de asesinato en México, que en primera es una negligencia de la Fiscalía y de los forenses que han filtrado estas fotos y la información, pero en segunda, es un error de los medios de comunicación que han puesto imágenes como esas, y luego dicen que tienen un compromiso. Queremos exigir una disculpa pública de los medios de comunicación que le faltaron el respeto a Ingrid y a la familia de Ingrid Escamilla”.

El contingente caminó por la avenida Juárez hacia Reforma. Pasó de largo por el Hemiciclo a Juárez, también resguardado con vallas metálicas para evitar pintas como las que hubo durante la marcha del pasado 25 de noviembre —día de la eliminación de la violencia contra las mujeres—, que causaron indignación en redes y por ser retiradas con rapidez se utilizaron productos que dañaron el monumento.

Las chicas iban haciendo algunas pintas en el suelo y en publicidad. Al llegar a la estación de Metrobús El Caballito, policías mujeres las resguardaron, pero tampoco hubo intentos de dañarla.

La indignación se desató al llegar a La Prensa y descubrir que estaba totalmente cerrado, con vallas en su puerta principal y elementos de seguridad en la puerta trasera, y que nadie saldría a escuchar las peticiones de las mujeres.

Fue el segundo desaire en 24 horas. Cuando empezó a organizarse la manifestación a medios de comunicación, a principios de la semana, el director de La Prensa, Luis Carriles, buscó a colectivos de mujeres para dialogar previamente con ellas, este jueves. Sin embargo, no llegó a la cita a la que habían acudido unas 10 personas, según contó una asistente.

En cambio, el viernes ese medio dedicó su portada entera a una carta titulada “Compromiso” en el que señaló que estaba en proceso de revisión de sus coberturas y lenguajes.

Las chicas no estaban conformes con esa publicación, por lo que, al encontrar las puertas del medio resguardadas, comenzaron a atacar viejas camionetas de distribución que estaban estacionadas en la salida trasera.

En un primer momento, una parte del contingente decidió seguir marchando sin rumbo claro. Las mujeres caminaron hacia avenida Hidalgo y luego avanzaron hacia la Alameda. Las policías corrían y sus jefas daban órdenes encontradas por equipos de radiocomunicación para tratar de mantenerse a su lado. Pero la marcha paró y volvió sobre sus pasos.

Instaladas sobre Reforma, se sentaron en el suelo a esperar que alguien de La Prensa las recibiera. Luego decidieron interpretar el baile de “Un violador en tu camino”, popularizado por la colectiva chilena Las Tesis, y finalmente se unieron a quienes se habían quedado atacando camionetas en la calle Basilio Badillo.

Hubo cristales rotos e incluso fuego dentro de uno de los vehículos, que no fue apagado inmediatamente, como en otras marchas en las que se prendió fuego a monumentos, y para lo cual las policías iban equipadas con extintores.

Entonces se empezaron a gritar consignas de cara a las policías que llevaban escudos protectores. De pronto, se activó el primer extintor del que salió humo verde, y eso elevó el tono de las protestas.

Poco después una policía detuvo a una de sus compañeras para que no volviera a hacerlo, pero la maniobra se repitió varias veces, mientras las manifestantes lanzaban golpes y pintura a los escudos de las agentes, e incluso alcanzó a los integrantes del colectivo Marabunta, que organiza vallas humanas de paz entre manifestantes y autoridades.

“Ingrid somos todas, Ingrid somos todas”, resonaba. “Traidoras”, “Me cuidan mis amigas, no la policía”, “Ni una asesinada más”, “Si te pega no te ama”, “Las muertas y desaparecidas son crímenes de odio fruto de la misoginia”, fueron otras de las consignas.

Empezó a caer un aguacero en el centro, que replegó a algunas de las manifestantes bajo techos de la zona, pero el intercambio de gritos y humo verde continuó por media hora. Hasta que decidieron caminar hacia el Ángel de la Independencia.

La concentración casi en su totalidad caminó por Paseo de la Reforma, a pesar de la lluvia y de la calle encharcada. Hubo algunos destrozos a publicidad y dos estaciones de Metrobús, pero en general avanzó rápido y ya sin enfrentamientos con las policías que rodeaban cada monumento por el que pasaban.

Alrededor de las 7 de la noche, el contingente llegó al Ángel. Caminó a su alrededor y las chicas subieron a las escaleras para lanzar los últimos reclamos durante media hora más. “Justicia para Ingrid, justicia para Ingrid”, se escuchaba, cuando nuevamente hubo empujones con las policías, que fueron a meterse entre las manifestantes y los tablones de madera y, una vez más, lanzaron humo verde con los extintores.

La comisionada de Derechos Humanos capitalina, Nashieli Ramírez, aseguró que era un gas particular que afectó a todos los presentes y reclamó que “los extintores se deben usar para controlar los fuegos, no para dispersar movilizaciones”.

Mojadas y cansadas, las jóvenes decidieron que era momento de terminar la concentración. En cuestión de minutos, se fueron juntas al metro más cercano, por seguridad, y poco después las policías abandonaron también el lugar.