A lo largo de este proceso electoral escuché a decenas de ciudadanos quejarse del costo de las elecciones en México, y no les falta razón: nuestro País invierte cada año mucho dinero en mantener el sistema electoral y de partidos.

De hecho, en términos per cápita, somos una democracia cara cuando nos comparamos con otros países. Por ello, no suena descabellado analizar la pertinencia de reducir algunos de los costos y destinar el dinero a otras de las necesidades apremiantes que tiene nuestro País.

A pesar de ello, debemos ser responsables a la hora de plantear recortes drásticos a la organización de los procesos electorales, porque en gran medida la calidad de la democracia mexicana está sustentada en la existencia de una serie de medidas de seguridad e instituciones, que garantizan la equidad en la contienda y reducen de manera importante las posibilidades de fraude.

Ello no quiere decir que no se pueda economizar en ningún aspecto, de hecho, el objetivo de la presente columna es hablar de tres rubros en donde se puede aplicar la tijera. El primero de ellos es la frecuencia de los procesos electorales, ya que en las entidades donde se celebran procesos electorales con mucha frecuencia, se termina gastando más dinero que en aquellos en donde los procesos se empatan con las elecciones federales.

Por ejemplo, en esta elección local, en Coahuila los ciudadanos usaron las mismas casillas que para las elecciones federales, es decir, las mismas mamparas, padrones, tintas, lápices y otros materiales sirvieron para ambos procesos electorales.

Incluso se pueden reducir costos en capacitación de funcionarios y en el pago de los asistentes electorales cuando los procesos se empatan.

Por ello se debe dar el siguiente paso dentro del proceso que comenzó hace años y obligar, vía legislación, a todas las entidades a que empaten sus elecciones con las federales, de tal forma que, salvo elecciones especiales, celebremos en México jornadas electorales cada tres años, ya que ello se traduciría en la reducción de enormes costos para el erario de las entidades federativas.

El segundo rubro donde se puede economizar es en el financiamiento que reciben los partidos políticos, ya que derivado del terremoto que vivió en septiembre pasado nuestro País, los diversos partidos políticos ofrecieron donar parte de sus prerrogativas, lo cual indica que perfectamente podrían prescindir de ese porcentaje de sus recursos de manera permanente, y obtenerlos a partir de financiamiento privado.

El tercer y último aspecto en el que se  pueden generar ahorros es en el dineroque se destina para campañas publicitarias de las autoridades locales en medios tradicionales. Afrontémoslo, cada vez menos personas revisan medios impresos, escuchan radio o ven televisión convencional.

Por ende, también se tendría que migrar de esa publicidad –que es cara– a otra más barata, dándole mayor peso al Internet.

@victorsanval
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