La catedral es visitada por miles de turistas que buscan conocer ese monumento del arte religioso del Siglo 18


Al momento de fundarse la villa de Santiago del Saltillo se señalaron los lugares para el gobierno y la iglesia, frente a frente, y entre ellos un espacio público para la plaza de armas. La iglesia parroquial se levantó de inmediato y se dedicó al santo patrono Santiago Apóstol. Doscientos veintitrés años después, en 1800, se bendeciría en el mismo sitio un nuevo templo, de ambiciosas dimensiones y que casi un siglo después se convertiría en la Catedral de Saltillo.

Y ahí está nuestra catedral, monumento arquitectónico religioso, guardián de la fe y síntesis de la vida política y social de Saltillo, gigantesco vigía de su devenir y su historia cotidiana. El nuevo templo se levantó en el mismo lugar donde antes estuvo ubicada la primera iglesia parroquial de la antigua villa. Su construcción inició en 1745 y tardó 55 años. Los saltillenses de entonces quisieron hacer un monumento muy grande y les tomó tanto tiempo que dejaron inconcluso el campanario, terminado casi un siglo después. Doscientos setenta y cuatro años de historia cargan los altos muros de la catedral de Santiago.

Desde su bendición, el monumento ha sido protagonista de importantes eventos de la historia de México y de Coahuila, y ha sido testigo de un sinnúmero de eventos históricos, políticos y sociales. Durante la intervención norteamericana fue un hospital de sangre, el párroco José Ignacio Sánchez Navarro abrió sus puertas durante la Batalla de La Angostura para atender a los heridos de ambos bandos, el mexicano y el de los americanos. El sonido de sus campanas ha marcado los matrimonios y los fallecimientos de significativos personajes saltillenses, igual que en otros tiempos se echaban al vuelo para convocar y alertar a la población ante acontecimientos difíciles para la ciudad, como el de la llamada “indiada grande”. A lo largo de su historia ha alojado en sus puertas a los menesterosos que estiran la mano para recibir unas monedas de la caridad de los fieles católicos.

Principal edificio religioso de Saltillo y la región, la catedral es visitada por miles de turistas, católicos y no católicos, que buscan conocer ese monumento del arte religioso del Siglo 18 que muestra desde su exterior el esplendor de sus estilos barroco tardío y neoclásico, y quieren admirar en su interior sus retablos barrocos y algunas piezas de la importante colección de obras de arte y otros objetos sacros de la liturgia católica.

Parte de sus tesoros en óleos virreinales cuelgan en los muros del crucero. La altura en la que están colgados y la penumbra del templo impide verlos, no digo con detenimiento, sino a simple vista. La mayoría de los cuadros no tienen cédula de información sobre la escena o la imagen que representa la pintura, ni su autor o si es anónimo. Sólo dos o tres la tienen inscrita en una placa muy pequeña colocada en el marco. La altura y el tamaño hacen imposible su lectura.

Entendemos que la principal misión de la catedral es la de ser un centro de culto religioso y la divulgación de la fe católica, y que sus recursos alcanzan muy apenas para sus funciones primordiales cotidianas. Sabemos que cuando se ha podido se han restaurado algunas piezas de su acervo, el mejor ejemplo es uno de sus mayores tesoros artísticos: el gran óleo de las Apariciones de la Virgen de Guadalupe, pintado por José de Alcíbar. Sabemos que la catedral no es un museo, pero sí guardiana de un importante acervo de arte religioso. Una familia saltillense costeará alguna reparación menor del edificio, dijo Francisco Aguilar, delegado del INAH en el estado. Yo me pregunto si otros saltillenses y empresas de la región podrían ayudar a darle mayor esplendor a la colección de arte expuesta en el interior de la catedral. Al final, hacerla accesible a los visitantes es también parte de la divulgación de la fe católica.

Esperanza Dávila Sota