En la ganancia absoluta de las empresas debe lograrse el crecimiento sostenido, pero también se presenta el “crecimiento negativo”, es decir que el número es creciente, pero menor al periodo anterior. Por eso la tasa de ganancia (proporcional) es la que muestra si las empresas y la economía agregada tienen ascenso en periodos amplios o variaciones y ciclos cuya tendencia pueda ser positiva o negativa.

Algunos aspectos económicos reales que afectan directa o indirectamente la tasa de ganancia son: se proyectan costos para precios competitivos, pero cuando se incrementa la producción se derivan asimismo gastos alrededor de estos procesos, los que competitivamente no deben cargarse en el precio final; a nivel agregado, al minimizar los costos del factor trabajo o precarizar el salario, tendencialmente se reduce la demanda agregada y así no se realiza la ganancia proyectada, pero además por objetivos de acumulación se sobre ofertan los mercado y se incrementan los volúmenes de mercancías no vendidas; por precios competitivos se tiende a reducir el trabajo contratado (crece la informalidad), sin embargo, aun con menos contratados, por la necesidad de ganancia bancaria por intermediación se sostiene o incrementa el crédito riesgoso de corto plazo –tarjetas de crédito-, de mediano plazo –mercancías de consumo duradero- y de largo plazo, sobre todo hipotecarios y empresariales… pero, al tiempo, se presenta el “no pago” a nivel ampliado y por tanto las crisis financieras.

Por eso la tasa de ganancia en todos los niveles –mundial, nacional, regional y empresarial- no es permanentemente de pendiente positiva, sino más bien cíclica y con tendencia positiva o negativa. 
Alejandro Nadal (11-06-16) señala que de mediados de la década de los ochenta a los años noventa del siglo pasado el comportamiento de la tasa de ganancia a nivel mundial fue de 19 por ciento, pero a partir de 1998 y hasta el 2007 esta tasa cayó 6 por ciento. Sin verificar esta tendencia negativa en Estados Unidos las hipotecas e instrumentos financieros “exóticos” fluyeron sin regulación y sucedió lo que tenía que suceder: quiebra de bancos, aseguradoras y empresas, sobre todo automotrices, caída del crédito y de confianza en productores y consumidores, recesión y crisis que estalló en 2008 y que afectó al mundo por el intercambio comercial de esa economía.

Ejemplos de que el mundo aún no se recupera de la caída en la tasa de ganancia son: la continua recesión en Estados Unidos provocó que en México, en lo que va del año, las exportaciones automotrices son 6 por ciento menor al mismo periodo del 2015 (mil 030.3 millones de unidades); del 2000 al 2011 el crecimiento promedio en China fue 10.3, pero en los años recientes está alrededor del 6.5 por ciento, arrastrando con esto a América Latina y a economías emergentes. 

Más aún, a nivel mundial la innovación tecnológica en inversiones nuevas desplaza mano de obra, lo que no fortalece la demanda agregada para realizar la ganancia absoluta e incrementar la tasa de ganancia. Por eso, aun con inversiones nuevas que suman más de 120 mil empleos en cuatro años –aparte la posible migración e incorporación nueva de oferta laboral-, en Coahuila se sostiene una tasa de desempleo de 5 por ciento, un punto por encima del promedio nacional.

Esta recesión mundial genera desconfianza y provoca que los capitales acudan a inversiones de largo plazo y menos riesgo, como en México, que a mayo de este año inversionistas extranjeros redujeron su participación en bonos del gobierno mexicano y sacaron del país 178.86 mil millones de pesos, lo que ha provocado depreciación hasta superar los 18.50 pesos por dólar, con todas las consecuencias negativas al respecto.

Resultado de sus propias contradicciones, la economía mundial se complica cada vez más y el llamado “equilibro general” no se ve por ningún lado.