Las medidas anunciadas el domingo sobre el Plan de Reactivación Económica del Gobierno federal, no son suficientes para reducir los efectos nocivos a la economía, para ayudar a la población más vulnerable y para conservar los empleos. 

Coincido en la necesidad de enfocar los primeros esfuerzos en las personas de menores ingresos, en especial en los 31.3 millones que trabajan en la economía informal y sus dependientes, porque en muchos casos se han quedado sin ingresos y peligra su acceso a la alimentación.

Pero las medidas anunciadas se concentran en el período posterior a la cuarentena, cuando el Gobierno debería estar enviando ayuda urgente a millones de familias. Tanto las tandas, que es un préstamo para negocios, como la creación de empleos, no les servirán las siguientes semanas y los programas sociales pueden ayudar, pero estos ya están incorporados en los patrones de consumo de estas familias, no es un extra en el marco de la crisis sanitaria, porque ya los venían recibiendo.

Lo ideal hubiera sido un paquete de apoyos parecidos al de Perú, un país muy similar en condiciones a México, que incluyó la transferencia directa de 110 dólares mensuales para 2.8 millones de familias de bajos ingresos, un subsidio general de hasta por 430 dólares a las pequeñas y medianas empresas para ayudarlas a mantener la plantilla de sus trabajadores, así como transferencias de recursos a los mil 574 municipios del país, para que compren alimentos y los distribuyan entre la población necesitada.

El Gobierno Federal ha llamado a la responsabilidad de los empleadores, para mantener los sueldos y los puestos de trabajo en lo que dura la cuarentena. Concuerdo en la necesidad de preservar a los empleos e involucrar a las tandas, que es un préstamo para negocios, como la creación de empleos, no les servirán las siguientes semanas y los programas sociales pueden ayudar, pero estos ya están incorporados en los patrones de consumo de estas familias, no es un extra en el marco de la crisis sanitaria, porque ya los venían recibiendo.

Lo ideal hubiera sido un paquete de apoyos parecidos al de Perú, un país muy similar en condiciones a México, que incluyó la transferencia directa de 110 dólares mensuales para 2.8 millones de familias de bajos ingresos, un subsidio general de hasta por 430 dólares a las pequeñas y medianas empresas para ayudarlas a mantener la plantilla de sus trabajadores, así como transferencias de recursos a los mil 574 municipios del país, para que compren alimentos y los distribuyan entre la población necesitada.

El Gobierno Federal ha llamado a la responsabilidad de los empleadores, para mantener los sueldos y los puestos de trabajo en lo que dura la cuarentena. Concuerdo en la necesidad de preservar a los empleos e involucrar a los empresarios en la tarea, pero siento que la totalidad de la carga está recayendo en ellos, porque hasta el momento no han obtenido ningún apoyo tangible de parte del Gobierno.

Sin duda se deben poner límites a los apoyos a las empresas, también se debe comenzar por las pequeñas y medianas, ya que ellas generan el 81% de los empleos y el 52% del PIB. Debido a que, si no reciben de forma urgente apoyo, muchas de ellas van a cerrar y se perderán millones de empleos, la economía se estancará y la propia recaudación de impuestos irá a la baja, poniendo en peligro los programas sociales.

Los cimentos de un Plan de Recuperación Económica es salvaguardar los empleos, porque si las personas tienen trabajo contribuyen a la economía y al gasto público a través de impuestos, en cambio, si los empleos se pierden, la recuperación puede tardar años y muchas familias corren el riesgo de ingresar en el umbral de pobreza. 

Víctor Manuel Sánchez Valdés, investigador de la UA de C, doctor por el CIDE, especialista en seguridad pública.