Un mal ciudadano nos cuesta 120 mil millones de dólares al año (en promedio 10% del PIB en México), eso es lo que se gasta en corrupción en México. Es decir, casi lo que vale Jeff Bezos, el hombre más rico del mundo. México es uno de los 10 países del mundo con mayor corrupción e impunidad.

Al mismo tiempo, 3 de cada 4 mexicanos no pueden encontrar un interés o una necesidad en común con otro mexicano. ¿Será por qué solo nos acordamos que somos mexicanos cuando juega la selección, o es día de la Virgen de Guadalupe o si acaso cuando comemos Pan de Muerto?

¿Qué pasa el resto del año?  ¿Por qué no podemos ser mexicanos los 364 días restantes?

Les tengo una buena noticia, lo hemos hecho antes. Lo hemos demostrado más de una vez nuestra enorme capacidad de organización y resiliencia como pueblo mexicano. Actuando primero que el gobierno y preocupándonos primero por el bien común que el propio. Tal como ocurrió durante el sismo de 1985 y recientemente en el del 19 de septiembre. En otras palabras, sabemos hacerlo.

¿Qué nos falta para hacerlo siempre? ¿Cómo podemos aprender, o en su defecto, enseñar a las nuevas generaciones a ser esos mexicanos?

La educación cívica se define como la adquisición de conocimientos, habilidades y valores sociales que permiten darnos herramientas para la convivencia pacífica. En otras palabras, no tiene nada que ver con política tal cual o el salir a votar cada 6 ó 3 años.

La educación cívica va mucho más allá, está relacionada con nuestra capacidad de aprender a interactuar con los otros de la mejor manera posible, siendo ésta acción la base para formar sociedades más justas, equitativas y sostenibles. Es nuestra relación también con el medio ambiente y con todo aquello que nos rodea.

Está comprobado que sociedades con mayor integración social y nivel de cultura cívica son sociedades con mayor desarrollo económico y calidad de vida entre sus habitantes según la propuesta del concepto de Paz Positiva.

Hoy en tiempos de COVID-19, todos nos hemos dado cuenta del valor de la empatía y el respeto a las reglas, porque una persona que es Ciudadana usa cubrebocas y respeta la Sana Distancia, además de reconocer el riesgo que pueda poner no solo a su familia, sino a su comunidad en general.

Las crisis, como la que vivimos hoy, deben ser un área de oportunidad para innovar y re-pensar lo que estamos haciendo. ¿Qué lugar le debemos dar a la educación cívica en la formación de nuestros hijos e hijas? ¿Qué espacio debe tener en la agenda pública y en los medios de comunicación? ¿En los presupuestos de gobierno y de las empresas?

Los seres humanos hemos sido y seremos seres sociales. No podemos (ni debemos) vivir aislados. El cómo construyamos (todas y todos) el mundo post-covid depende de las decisiones que empecemos a tomar hoy. ¿En qué mundo quieres vivir mañana? ¿En qué mundo quieres que vivan tus hijos e hijas?

El mundo cambia un #Ciudadanitoalavez, todo lo demás es romanticismo o política.