Ilustración: Vanguardia/Alejandro Medina
Por conveniencia, al parecer el país no está preparado para que una persona en cargo público mencione abiertamente su escepticismo hacia las doctrinas religiosas

A pesar de vivir en uno de los países con una Constitución Política vigente particularmente laica, pues hereda de la Carta Magna que la antecedió velar por una efectiva separación Iglesia-Estado, como una de sus directivas principales, en el proceso electoral que hoy culmina en México, fue común que los candidatos presidenciales comentaran sus creencias religiosas de manera abierta.

Es poco común que un candidato político afirme que es ateo o agnóstico, y en todo este proceso electoral no se observó a alguno que lo hiciera.

Desde el surgimiento de la civilización, la política ha utilizado a la religión para legitimarse, recuerda el investigador Francesco Garvasi, quien habla de la relación directa que tiene la política y la religión en la actualidad.

Este 1 de julio se define quién dirigirá a México durante seis años, en un momento global que vive cambios súbitamente importantes, y en diversos medios de comunicación los presidenciables hicieron públicas sus creencias: Ricardo Anaya y Andrés Manuel López Obrador, cristianos; en tanto José Antonio Meade, profesa el catolicismo. 

Pero ¿por qué es importante cuál religión practique un candidato si vivimos en un Estado laico?

“Mucho de las bases éticas y morales que rigen la conducta humana tienen principios espirituales”, explica el académico de la Universidad Autónoma de Coahuila, “El bien y el mal son términos religiosos”.

Además, en la historia reciente de los partidos políticos, las decisiones que se toman o tomaron tenían como primicia los mandatos de líderes religiosos como el Papa. Pudo ser, en una medida, el caso del PAN en México y actualmente del PES (Partido Encuentro Social), encabezado por pastores evangélicos que hacen, desde su trinchera, lo que ellos consideran una labor social.

Acción Nacional, años después de su creación, se hizo miembro de la Internacional Demócrata Cristiana, un organización integrada por partidos del todo el mundo y que tienen como fundamento tomar decisiones políticas sostenidas por la doctrina social del cristianismo, de acuerdo a lo apuntado en el libro “La Democracia Cristiana en América Latina”.

El PES, que pertenece a la coalición “Juntos Haremos Historia” liderada por Morena, tiene en sus fundamentos a cristianos evangelistas, como en Saltillo es el caso de Eduardo Pacheco, líder de la casa de rescate Cristo Vive y que renunció a las filas del partido, por no concordar con algunas iniciativas de Morena en el tema de la diversidad sexual.

Otro rasgo que comparte el partido político con la religión es la estructura piramidal, heredada de la tradición religiosa. Uno de los que dan muestras de esta organización es el PRI, que ha gobernado durante más de 75 años el País y es creador del institucionalismo piramidal con la disciplina de respaldar siempre las decisiones del Presidente de la República.

Desde las monarquías absolutas, según Francesco Garvasi, sociólogo nacido en Italia y que ahora trabaja como investigador en la UAdeC, señala que la política ha utilizado a la religión para legitimarse y que es una de las estrategias políticas para llamar al voto.

“Me acuerdo que en Italia en la década de los años 2000 se quiso legalizar la convivencia entre parejas homosexuales, que apenas el año pasado, 2017, se aprobó. La Iglesia católica amenazó a los políticos de excomulgar a los quienes que aprobaran de esta ley y tanto fue el miedo de los políticos que esta iniciativa no se votó.

“Si tú le dices a la gente, mira, ‘yo soy el candidato que también voy a ver por tus necesidades religiosas’: es una manera de legitimar”.

Explicó que en las monarquías absolutas, el Papa era quien daba la bendición al rey; eso significaba que el rey era intocable. Era una manera para legitimar ante Dios cualquier cosa y además, ahora, es una manera para invitar a la gente a votar.

Comparó la situación de México con Italia, pues en aquel país también existe una hegemonía política de un solo partido y que utilizan a la religión como una estrategia política.

“En Italia también hemos tenido una partido que se llama la Democracia Cristiana que ha gobernado como aquí, el PRI”, destacó. “El mismo caso sucede en Estados Unidos, Dios siempre está presente dentro de los discursos políticos de los candidatos”.

Ser religioso en la política mexicana aún sigue siendo una tarjeta de presentación. Según el investigador es por eso que aunque algunos políticos no llevaban una disciplina religiosa o sean agnósticos o ateos, no lo mencionen de manera abierta, porque representaría una desventaja contra los contrincantes en un país en donde el ateísmo apenas rebasa el 4 por ciento contra más de un 80 por ciento católico y casi un 10 por ciento de creencias cristianas protestantes diversas.

“La religiosidad está ligada a la cuestión ética y moral. Se piensa que una persona religiosa  es una persona mejor”, dice Garvasi.

Max Weber señala en una de sus investigaciones que, en Europa, para adquirir un préstamo de banco era un requisito fundamental pertenecer a una religión. Porque eso era señal de que estás frente a una persona de principios. Ahora no ocurre así. Pero sigue siendo una tarjeta de presentación: desde una conveniencia política es mejor serlo que no serlo.

¿LA POLÍTICA ES UNA RELIGIÓN?

El sociólogo que también quien realiza investigación sobre la discriminación hacia los miembros de religiones pequeñas en México y Saltillo, desde hace 14 años, señala que algunos autores han interpretado la política como una forma de religión: “La política, cuando se vive de manera pasional, respecto a los rituales y devociones”.

Además, tanto en el ámbito político y religioso existen fundamentalismos. Un fundamentalista es una persona que no acepta las ideas de los demás y piensa que su idea es la única posible. Eso pasa tanto en el ámbito religioso como en el político.

Eso es un terror cuando se junta tanto la idea fundamental política y la religión, y por eso pasan cuestiones como el terrorismo.

Al parecer, México aún no se encuentra preparado para que una persona, y sobre todo que ocupa un cargo público, pueda mencionar de manera abierta su escepticismo hacia las doctrinas religiosas por cuestiones de conveniencia. Sea quien sea que gane, es importante la base ideológica y ética que respalda cada decisión política y asegurarse que dichas ideas no dejen fuera a los que no creen en una sola verdad.

DATOS

>Cada vez hay más gente que se está haciendo al catolicismo y al cristianismo como un recurso político.

>En México, el ateísmo apenas rebasa el 4% contra más de un 80% católico y casi un 10% de creencias cristianas protestantes diversas.