La pandemia mundial ha provocado mayor estrés en el encerramiento que vivimos en nuestros hogares. Esta situación ha complicado más el trabajo de ser padres cuando los niños no paran de argumentar y pelear entre ellos. La Dra. Judith Dunn, psicóloga social de la Universidad de Cambridge, afirma que los hermanos pueden pelear hasta ocho veces cada hora. Y ahora, en el confinamiento la convivencia y especialmente los roces pueden aumentar hasta el doble.

Para muchos padres es un gran desgaste emocional ser referís en los conflictos entre sus hijos: “Mamá, dile a mi hermano que me preste el juguete”. “Papá, mi hermanito no me deja en paz. Entra a mi recámara y desordena mi cuarto”. “Viste que mi hermanita me sacó la lengua”. “Mi hermano me dio una cachetada porque no le hago caso”. Y puedo seguir enumerando una gran cantidad de ejemplos que ocurren durante el día. Nuestros hijos pueden presentar estados de ansiedad y miedo ante las constantes conversaciones sobre el virus, su contagio y sus consecuencias entre los familiares y amigos. Imaginemos que nos escuchan hablar sobre el gran peligro que viven los abuelos de ser infectados y su posibilidad de muerte.

Con tanta incertidumbre y tensiones, los niños son impactados en su salud mental y acentuando su frustración y sensibilidad ante sus emociones. Esta hipersensibilidad puede provocar reacciones desafiantes, impulsivas y hasta violentas con sus hermanos. Es un hecho que los pleitos y conflictos entre hermanos son considerados los problemas más importantes que los padres enfrentan en sus familias, según un estudio realizado por un servidor hace 5 años.

En una serie de entrevistas se solicitó a más de 50 padres que jerarquizaran los problemas que enfrentan en la educación y disciplina con los hijos. Más del 70 por ciento de los encuestados afirmaron que la pelea entre sus hijos es lo que produce más estrés y carencia de estrategias para evitarlas y eliminarlas. ¿Cómo podemos ayudarlos y evitar el pleito entre los hermanos?

1. Eliminar toda comparación entre ellos. Los padres podemos cometer el error de compararlos: “Aprende de tu hermano mayor. Siempre obedece y saca muy buenas calificaciones. En cambio, tú…”, “No te da vergüenza que tu hermano menor entienda a la primera y tú…”. No podemos relacionarlos uno con otro a pesar de que sean hermanos y crezcan en un mismo ambiente familiar con reglas y privilegios. Cuando un hijo escucha el sermón de que su hermano es mejor que él produce rencor, baja autoestima, miedo y una alta ansiedad. En vez de que su hermano sea modelo, detonamos mayor agresividad hacia él o ella.

2. Necesitan nuestra atención. Los hermanos pueden pelear por juguetes o tiempo en tableta, pero lo que más desean es la atención de sus padres. Cuando los escuchamos y pasamos tiempo de calidad con ellos disminuyen situaciones de rivalidad con sus hermanos. Profundicemos sus sentimientos preguntándoles: “¿Cómo te sientes?, ¿qué te preocupa más del coronavirus?, ¿extrañas a tus amigos?, ¿estás aburrido?”. Escuchar es la clave para que se desahoguen y poder canalizar sus emociones negativas hacia más positivas. En situaciones de estrés emocional, los padres debemos evitar gritarles o sermonearles. Necesitan solamente ser escuchados.

3. Es normal que tengan fricciones. ¿Quién de nosotros nunca peleó con algún hermano? Creo que casi todos tuvimos algún conflicto con ellos. El vivir juntos 24/7 aumenta la convivencia y también los roces. Los papás no debemos estresarnos entre los pleitos de los hijos porque hasta cierto punto es natural. Cuántos de los que estamos casados tuvimos peleas de novios, creo que muy pocas. Sin embargo, el matrimonio nos hace convivir 24/7 y los roces crecieron. Siempre digo: “Amar es fácil, pero vivir juntos es lo difícil”. Cuando nace el primogénito hay ciertas dificultades en su crianza, pero cuando nace su hermanito incrementan los conflictos hacia los padres y ahora hacia su hermano. Sin embargo, estas adversidades en ellos los ayudan a prepararlos para el mundo real. Los invito a ser proactivos y no reactivos.

Claro que es muy importante dar estructura y normas a los hijos, ya que el ocio y aburrimiento provocan conductas destructivas para ellos y los demás. Proporcionemos actividades, espacios y tiempos de canalización de su energía como deporte, jugar ajedrez, ayudar en el quehacer de la casa, tiempo de lectura, convivencia familiar y tiempo personal para ellos.