Ilustración: Vanguardia/Alejandro Medina

No hace mucho el entonces presidente de Uruguay, José Mujica, preguntaba: “¿Qué es lo que le llama la atención al mundo? ¿Qué vivo con poca cosa, una casa simple, que ando en un autito viejo, esas son las novedades? Entonces este mundo está loco porque le sorprende lo normal”.

Durante su gestión, entre 2010 y 2015 y aún ya como exmanadatrio cientos de medios extranjeros acudieron a aquel país sudamericano intrigados por su vida.

“Eso me preocupa bastante, me preocupa por cómo anda el mundo”, le dijo a BBC Mundo en una entrevista.

“Yo vivo como vive la mayoría de mi pueblo, en la política lo normal tendría que ser mi forma de vida”, añadió en aquel encuentro.

Pero Pepe era y es popular por todo el mundo, por la forma en que gobernó, 
porque, a diferencia de muchos presidentes latinos no se enriqueció ilícitamente y por su forma modesta de vida.

“Voy a Alemania y me ponen un Mercedes Benz para andar de aquí a la esquina -que tiene una puerta que pesa tres mil kilos- y cincuenta motos adelante y cincuenta motos atrás. Yo discrepo con todo eso”, decía.

“Creo”, decía y sostiene el hoy senador, “que los gobiernos, los presidentes, se deben expresar en toda la tonalidad de su vida, en su lenguaje, en su modo de ser, en su modo de vestir, en las relaciones públicas, como vive su pueblo”.

Y en este contexto, escuchando las palabras de este hombre uno se pregunta, qué pensaría por la forma ostentosa en la que viven gran parte de la clase política de México, en todo lo largo y ancho de la República.

Porque, aquí en el País, vaya, sin ir tan lejos, en el estado, en la ciudad y en cualquier municipio de los vecinos estados, desde regidores hasta funcionarios del Gobierno estatal y Federal se dan una vida de lujo.

Camionetas generalmente último modelo, choferes, guardaespaldas, altos salarios, viáticos, dietas, apoyos, bonos y un largo etcétera que provoca que generalmente la gente los rechace o despotrique contra ellos a la menor provocación.

Ojalá este ciclo que termina y el que inicia en unas horas sirva de reflexión para saber cuánto gastaron de más en cosas superfluas, y también cuánto pudieron haberse ahorrado"

Pero eso no es todo, tanto políticos como servidores públicos, que de por si representan altos gastos del erario público resultan más caros aún por el pago de las rentas de algunas de las instalaciones donde operan.

Y para muestra de esto ahí tiene usted algunos botones de muestra en el artículo de portada de esta sección de Opinión.

El dato de que el Instituto Electoral de Coahuila (IEC) pagó alrededor de 2 
millones 980 mil pesos por la renta de su sede, de enero de 2016 a diciembre de 2017, llama la atención, sobre todo porque este organismo tiene un terreno de 4 mil metros cuadrados donde, un proyecto que debe estar por ahí empolvado establece que ahí se construiría –algún día- la nueva sede.

Con base en ahorros, el anterior Instituto Electoral y de Participación Ciudadana adquirió en 6 millones 906 mil pesos esa área ubicada por el bulevar Colosio.

Y qué decir de los gastos que erogará hasta el día de mañana en general el Instituto Electoral de Coahuila, la cifra llegará a unos 374 millones 835 mil pesos.

De esa cantidad, prácticamente 120 millones de pesos se habrán destinado a Servicios Personales, en el que se hallan los pagos de sueldos, bonos, estímulos, prestaciones y otros, lo que significa poco menos de una tercera parte del gasto.

Y qué decir de los gastos que acumula el Instituto Coahuilense de Acceso a la Información (ICAI) el cual erogó 515 mil 94.76 pesos en pagos de arrendamiento de edificios y aun así, no contempla la construcción de un nuevo edificio.

Como que a los gobernantes y servidores públicos les falta algo o mucho tacto y prudencia a la hora de firmar cheques, tomando en cuenta, como dice José Mojica, la forma en que vive la mayor parte del pueblo.

Como que ya viene siendo hora de que realmente quienes están en las esferas del poder y del servicio público actúen con pertinencia a la hora de realizar las erogaciones.

Ojalá este ciclo que termina y el que inicia en unas horas sirva de reflexión para saber cuánto gastaron de más en cosas superfluas, innecesarias y también cuánto pudieron haberse ahorrado con estrategias eficientes de ahorro. Por lo pronto, Feliz Año.