Enrique Cerezo, presidente del Atlético de Madrid, anunció en diciembre de 2017 su parte accionaria del Lens de Francia, algo que también hizo meses antes con el Atlético Kolkata, club de la India. Estos equipos pertenecieron a un programa llamado “Satélite”, que era expansión internacional de su concepto futbolístico y modelo de negocio.

El Atlético de Madrid, que estaba cerca de la bancarrota en 2000, hoy está en el lugar 13 de los equipos más poderosos económicamente en el mundo, según el informe 2019 de Deloitte, llamado Football Money League. Sólo por detrás del Real Madrid, Barcelona, Manchester United, Bayern Munich, Manchester City, PSG, Liverpool, Chelsea, Arsenal, Tottenham y Dortmund, con un valor de 304.4 millones de euros.

¿A qué viene todo esto? A que la directriz del Atlético decidió vender su participación en esos clubes por no ser rentables; incluso, informes periodísticos de 2017 hablan de que una de las razones de la venta en Asia fue por negligencia en el manejo del encargado del club en la India, el hoy presidente del San Luis, Alberto Marrero.

Así lo establece Yahoo Sports de la India.

Es decir, si se demuestra el ridículo que hicieron por no saber aplicar el Manual de Estadio Seguro, el Atlético de San Luis tendrá graves problemas con la gerencia en España, porque no son de los que soporten escándalos. Miguel Ángel Gil y Enrique Cerezo tendrán que observar detalladamente si fue una buena idea invertir en México.

Pero no sólo es el castigo que impondrá la Comisión Disciplinaria, es cómo debe ejercer —de ahora en adelante— la Liga sus protocolos de seguridad en los estadios. Cada vez que hay un drama como el del domingo en San Luis, surgen las mismas ideas, pero nadie hace maldita la cosa para evitar la violencia. El Gobierno debería advertir que, sin garantías, no podrá abrirse un estadio, lo que obligaría a invertir a los dueños en algo fundamental para su gente: seguridad.

Dejar de financiar a las barras sería una medida urgente, como también establecer un sistema de venta de boletaje con información del comprador, ya sea digital o en taquilla. Sin identificación y sin registro, debería ser imposible comprar un boleto. ¿Alguien sabe quién está sentado en las tribunas?

En países donde la violencia era incontrolable, lograron el orden con esa medida. En Turquía no se puede comprar un boleto si no sabe la Liga, y por ende la policía, quién lo adquirió. Más inversión, más medidas. Detectores de metal en las puertas de los estadios. Hemos visto cómo hacen revisiones profundas a señoras con bebés, les quitan los biberones, pero justo atrás de ellas ingresan barristas con navajas entre el calcetín y el zapato. Es decir, no hay congruencia y una alarmante corrupción.

Detectores de huellas digitales deberían ser urgentes.

Al tener registro de alguien que ya cometió una barbarie en el estadio, es la única forma de detectarlo y no volver a dejarlo entrar.

Y esas son algunas ideas. Claro, se necesita dinero, pero también orden desde la cabeza de la Liga.

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