Ilustración: Vanguardia/ALEJANDRO MEDINA
El talento innato juega un papel menor en el desempeño de las personas, siendo más significativo el esfuerzo y la práctica constante

Bien lo dice Fénelon: “Las personas de carácter son infinitamente más raras que las personas de talento. El talento puede ser un don de la naturaleza. El carácter, es el resultado de mil victorias logradas por la persona sobre sí misma. El talento es una cualidad, el carácter es una virtud”.

¿POR QUÉ?

¿Por qué  algunas personas triunfan en la vida y otras no, a pesar de 
contar con talentos innatos? Malcolm Gladwell, en su libro “Fuera de serie” (Taurus), responde a esta incógnita: “El talento innato es insuficiente para explicarlo. La preparación, la suerte y las pautas culturales adquiridas en el medio o la familia de procedencia son las claves”. 

Este autor insiste en que tenemos la falsa creencia de que las mejores personas, las más brillantes, son las que obtienen altos logros en la vida; sin embargo, demuestra, mediante diversas evidencias, que el talento por sí mismo no conduce al dominio de una determinada disciplina, oficio o arte.

Comenta que para tener la maestría, la superioridad en una actividad, adicionalmente se requiere de una constante y larga preparación y, en muchas ocasiones, de la buena estrella para estar en el lugar y tiempo adecuados. 

En contra de lo que se piensa, el talento innato juega un papel menor en el desempeño de las personas, siendo más significativo el esfuerzo y la práctica constante. Pero entonces surge una nueva pregunta: ¿Cuánto tiempo es suficiente para obtener el dominio de alguna disciplina, arte u oficio?

La respuesta: 10 mil horas.
¿ES UNA REGLA GENERAL PARA EL ÉXITO?

Uno de los ejemplos que cita para comprobar este criterio se refiere al 
éxito de los Beatles: “En poco más de año y medio habían actuado 270 noches. De hecho, cuando tuvieron su primer éxito, en 1964, habían actuado en directo unas mil 200 veces. Para comprender cuán extraordinario es esto conviene saber que la mayoría de los grupos de hoy no actúan mil 200 veces ni en el curso de sus carreras enteras. El crisol de Hamburgo es una de las cosas que hacen especiales a los Beatles (…). Antes de ir a Alemania carecían de toda disciplina escénica. 
Pero cuando volvieron sonaban como nadie. Eso fue lo que les dio su sello”. 

La clave: ensayar obsesivamente.

INCLUSO MOZART

En este sentido, Howard Gardner, uno de los grandes investigadores de la mente e inteligencia humana, en su libro “Mentes Creativas” (Padiós), comenta: “No importa la intensidad del esfuerzo: parece que se requieren al menos 10 años de trabajo constante en una disciplina o arte para llegar a dominar la especialidad (…). Incluso Mozart, que podría considerarse la excepción que confirma la regla, había estado componiendo al menos durante una década antes de poder producir con regularidad obras consideradas dignas de un repertorio sobresaliente”.
Para este autor, las personas que terminan produciendo avances creativos e innovadores tienden, desde un inicio, a ser exploradores, aventureros y actúan por cuenta propia, desafinado a toda autoridad, al estatus quo, al deber ser. Sin embargo, verdaderamente,  sueltan “amarras” después de una década de práctica.

GLADWELL Y GRADNER 

Si conciliamos amabas posturas podríamos decir que se requieren mil horas al año, o sea, alrededor de tres horas de trabajo diario, enfocado y continuo para alcanzar la mencionada excelencia en alguna disciplina o actividad. 

Ahora que está muy de moda la creatividad y la innovación, tanto en el ámbito educativo como empresarial, deberíamos considerar los comentarios de Gladwell y  Gradner para evitar desilusiones y desencantos. Es decir, no conformarnos con la teoría, sino desarrollar acciones que permitan a las personas practicar, practicar y practicar hasta alcanzar el dominio de lo que se hace, lo cual requiere apoyo e inclusive programas especiales. 

Es decir, gran decepción tendrán si piensan que la innovación y la maestría en ella se establecen por mandato, por chispas de genialidad, sin considerar que ésta, como cualquier disciplina o arte,  necesariamente incluye sistematización y la cultura adecuada para que florezca.

En la educación, para que los educandos obtengan la maestría necesaria en alguna disciplina, los padres de familia y maestros juegan un papel primordial, ya que las horas requeridas para forjarse representan una cantidad tremenda de tiempo, esfuerzo y concentración. Literalmente, es imposible que un joven, por sí solo, lo logre sin el apoyo de las personas que conforman su medio ambiente inmediato. 

Es, entonces, esencial descubrir tempranamente los talentos de los jóvenes a fin de apoyar su voluntad.

EL LADO OSCURO

El logro de las metas, el éxito que se desea alcanzar en la vida está poderosamente relacionado con el lugar de donde somos y de las circunstancias; en este aspecto, es obvio que México se encuentra en desventaja en relación a las oportunidades brindadas a los jóvenes de otros países, pues una condición para alcanzar la superioridad y la maestría es no ser pobre. Hay una sencilla razón: si se requiere atender un trabajo para subsistir, posiblemente no habrá tiempo suficiente para practicar. La frustración, entonces, es inminente.

¿Cuántos jóvenes talentos se desperdician en México? ¿Cuántos afortunados no saben de su fortuna? ¿Cuántos no alcanzan sus ideales por las condiciones de pobreza en la que viven? ¿Sabemos del grado de valentía y esfuerzo de personas que prácticamente sin recursos sobresalen en el área de su especialidad, oficio o actividad? Ellos son auténticos héroes por el multiplicado esfuerzo que han de emprender, comparativamente con aquellos que la vida los ha puesto en mejores condiciones y que también saben aprovechar su tiempo, talento y recursos.

LA RAZÓN

Estos estudios esconden un mensaje paradójico: en ocasiones los jóvenes poseedores de abundantes talentos y recursos y que, por ende, tienen más posibilidades de innovar, crear y sobresalir pueden no hacerlo, se imposibilitan ellos mismos; en contrapartida,   aquellos que se encuentran en desventaja, los de menos recursos, pueden llegar a ser personas fuera de serie.  

La razón: los recursos, la comodidad de tener todo a la mano atrofia el espíritu, lo castra.  Los anhelos materiales, lo superfluo, el puro disfrute del corto plazo, inhabilitan a las personas para alcanzar grandes ideales, mismos que ni siquiera los configuran, sencillamente porque se encuentran distraídos, despistados. Eso luego se convertirá en lastre.

TALENTOS…

Lo cierto es que jóvenes, con o sin recursos, que le dedican pasión y tiempo a un ideal están en mejores condiciones de prosperar y a ellos la suerte –que es preparación y oportunidad– les favorecerá, por el simple hecho de estar en la jugada. Son personas que han hecho de sus competencias y talentos una personal vocación. 

Ellos saben que la práctica y disciplina son insustituibles para lograr la perfección en lo que emprenden, práctica que consideran continua, actualizada, sistemática y dirigida.

Están conscientes, o intuyen, que para generar, en algún momento, un gran giro creativo su encomienda es estar cerca y alcanzar maestría en lo que se emprende. Entonces observan, leen, investigan, practican constantemente, evitan perder tiempo en tonterías y buscan mentores que los apoyen en su aventura.

Estos jóvenes que hacen de sus talentos una vocación a conquistar son fuera de serie, pues con alegría y pasión reman cada hora de esas 10 mil.
Lo más destacable es que desde tempranas edades han descubierto que todo momento adverso sirve para poner a prueba su temple. Saben que, para conquistar, los talentos innatos son insuficientes, que requieren pasión, intensidad de esfuerzo y paciencia. Saben que son creadores laboriosos. Saben que son emprendedores por cuenta propia. Saben que son libres. Que, contra viento y marea, son siempre ellos mismos. 

cgutierrez@itesm.mx
Programa Emprendedor
Tec. de Monterrey 
Campus Saltillo