Herbert, coordinador del Seminario Amparán quiso zanjar el asunto así. Tuit en nota del 26 de marzo. / Fotos: Especial.
El último año de la década convocó sacudimientos, renovación, pero también un estancamiento indolente e inercia. La nueva década que se avecina para la cultura de Coahuila se antoja informe y compleja. Es tiempo de recapitulación y urgentes cambios. Quizá la mayéutica socrática ofrezca un atisbo hacia lo porvenir

Pendientes del Me too
¿Cómo desarticular la compleja urdimbre de componendas, genealogías e impunidades que desde 1993 –año de la creación del Icocult– cooptó gran parte de los recursos, beneficios y procesos de las políticas culturales en Coahuila? Empezando por señalarlas.
¿Responderá finalmente de manera concreta por su responsabilidad –por omisión o complicidad- ante la acusación de intento de violación hacia una de las asistentes a su taller el escritor Julián Herbert? ¿Por qué un “seminario” auspiciado con dinero público –se amparan en Amparán- se “impartía” en el domicilio particular del coordinador? ¿Qué hacía una estudiante del mismo, ebria y dormida, en una recámara del domicilio del Herbert? ¿Por qué en el momento mismo del hecho, presuntamente cometido por otro integrante del taller y  amigo personal del coordinador nadie hizo nada al respecto?
¿Por qué el señalamiento público sobre un intento de violación hacia una joven escritora y el consecuente suicidio del acusado no bastó para iniciar una seria investigación y deslinde de responsabilidades? ¿Por qué el silencio de la auto llamada “comunidad artística”?

El caso quedó impune. Nadie atendió el dicho de la afectada. Tuit en nota del 26 de marzo.

Romper el cerco
¿Por qué –salvo contadísimas excepciones- esta “comunidad artística” es tan acomodaticia como cobarde? ¿Por qué ante el abuso, la impunidad y el cinismo, por qué tanto indolencia? ¿Qué pierden y qué ganan?
Cuando se usaron los puestos públicos para el tráfico de favores sexuales, exposiciones e influencias, callaron. Cuando hace años, otro ex coordinador de literatura estatal fue acusado por una situación similar legalmente y cesado de su puesto, callaron. O también, cuando en repetidas ocasiones, y en diversas administraciones de la cultura municipal, se cometieron fraudes contables y no se comprobaron proyectos –con facturas o firmas falsas, con esposas y amigos como proveedores- también callaron.
¿Quién es la “comunidad artística”? ¿A quiénes se sirve con su complicidad acomodaticia?

La gravedad de acusaciones contundentes se diluyó en el chismorreo, las rencillas, la complicidad y el protagonismo. Tuit en nota del 27 de marzo.

Patrimonio, prensa e identidad
¿Se instaurará finalmente en 2020 el Consejo Ciudadano de Cultura, elegido en agosto del año pasado?
¿Resolverá por fin el INAH el dictamen de posibles daños al patrimonio milenario coahuilense, resultado del “performance” auspiciado por la pasada administración del MAG?
¿Alcanzaremos realmente, desde el campo del periodismo cultural, un ejercicio a la altura de las circunstancias? ¿Es decir, un ejercicio del criterio que vaya más allá de las apologías y simpatías personales -de las corrientes y contactos- y se circunscriba a los hechos? ¿Se puede proyectar un periodismo que trascienda la condescendencia o la torpeza? ¿Un periodismo crítico y potente –no periodismo de tibieza y “de amigos”-, que no naufrague en la simple relación de hechos?
Finalmente ¿Seguirá la verdadera comunidad de artistas y auténticos creadores en su rol pasivo de décadas, reactiva apenas en las redes sociales, ausente, replegada y resignada, cediendo su legítimo rol y lugar a una horda de mamarrachos: “gestores” instantáneos, arribistas o gurús subsidiados con dinero público, auto erigidos en el pedestal del oportunismo más vil? ¿Quién y para qué conforma la cultura de Coahuila?
¿Quién la define o la definirá? ¿A quién le importa y a quién le pertenece?

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