¡Qué semana acabamos de pasar! Y por lo visto, vendrán muchas más porque ya amenazaron: así gobiernan. Se dijo que cancelar el aeropuerto de Texcoco era un gran error. Que el daño más grande no es la pérdida de confianza de las calificadoras, sino que se refleja en menos inversiones y por lo tanto en menos empleos para los mexicanos. Que los litigios empezarán y las consecuencias financieras afectarán al erario. Que son más de 40 mil empleos que se pierden. Y al final de la semana, se hicieron humildes peticiones para que AMLO reconsidere la medida. Aparecieron buenos estudios como el de Bancomer; las declaraciones contundentes del presidente de Coparmex, un mensaje de gratitud a todos los trabajadores del nuevo aeropuerto; así como un comunicado conjunto de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados; de la Anade y del Ilustre y Nacional Colegio de Abogados de México.

¿Puede todavía hacer algo el presidente electo para que el aeropuerto de Texcoco se lleve a cabo? Sí. Lo puede licitar.

El gobierno puede licitar al mejor postor la parte que tiene del Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México junto con la concesión de construcción y operación del aeropuerto. O licitar primero la construcción y luego la operación. Puede, por ejemplo, vender el paquete con deuda –que sería lo mejor– o absorber la deuda y licitar el proyecto sin la deuda contraída. Obtendría miles de millones de pesos por esa licitación, el Aeropuerto se construiría y operaría eficazmente. 

Con lo recaudado se podrían hacer muchas cosas. Doy dos ideas para invertir lo que se recaude en la licitación:

1. Fortalecer a las instituciones de seguridad y justicia. Con ese dinero se puede contratar a los 50 mil nuevos elementos de seguridad que ha anunciado el presidente electo. Espero que, cuando cumplan con estrictos controles de confianza, se incorporen a la Policía Federal que es la que tiene que fortalecerse para que el Ejército y la Armada puedan retirarse de las tareas directas de seguridad.

2. Resolver parte del gran problema hidráulico de la CDMX. Por ejemplo, podría limpiar los ríos que confluyen al oriente de la ciudad y que dejen de utilizarse como drenaje. Además, el agua limpia que desciende de los volcanes, podría ser potabilizada para su uso en la ciudad y el agua tratada podría usarse para llenar el vaso del Lago de Xico que está entre Xochimilco, Milpa Alta y Chalco. A diferencia del "Lago de Texcoco", el Lago de Xico sí existe, es natural y es más grande que el lago artificial Nabor Carrillo. Rehabilitar el Lago de Xico traería múltiples beneficios: llegarían las aves de la región oriente, incluyendo los patos que tanto preocupan al equipo del presidente electo; además, ayudaría a limpiar los canales de Xochimilco y el agua tratada podría reinyectarse al subsuelo para mitigar el preocupante hundimiento de la zona oriente de la ciudad y disminuiría la sobre explotación del acuífero del Valle de México. Hasta ahora ese volumen de agua se va como drenaje al río Tula, en Hidalgo.

En cuanto al aeropuerto de Santa Lucía, ha quedado claro que no puede operar eficientemente al mismo tiempo que un aeropuerto en la CDMX (el actual o el nuevo). Por favor, consulten con expertos de verdad e informen con claridad. Y si ellos creen que pueden operar los dos aeropuertos, pues entonces construyan la pista adicional de Santa Lucía y que operen los dos aeropuertos: el de Santa Lucía con su pista adicional y que los privados construyan en Texcoco.

Eso no significa que evada su tarea de perseguir la corrupción tan señalada para el caso del aeropuerto. Al contrario, para poder rescatar la inversión tienen que eliminarse contratos probadamente irregulares y castigar la corrupción que es lo que piden los mexicanos.
Por cierto. El ingeniero Riobóo y todos los intereses económicos que lo acompañan podrían participar en la licitación del aeropuerto. Lo que es inconcebible es que se le asignen las obras a su gente cercana como ya se anunció para Santa Lucía. Eso no es combatir la corrupción. Eso es corrupción.