Houston, tenemos dos problemas. Uno es el avión presidencial que no se puede vender, ni rentar, ni regalar y cuesta lo mismo volarlo que estacionarlo. El otro es el presidente volador, un sujeto caricaturesco bueno para embaucar a mexicanos de todos los niveles socioeconómicos.

Dos problemas que hicieron sinergia: el volador ideó rifar el avión. Pero cuando contó a los ciudadanos de primera clase, le sobraron dedos. Entonces buscó colocar a como fuera, los boletos de la pseudorifa, incluyendo entre su tropa a resignados burócratas. Ni así completó.

Esta narración de caricatura debería estar acompañada de los monos de Paco Calderón, a quien no solo le envidio la calidad sin igual de sus dibujos, sino su capacidad de síntesis. Siempre logra hacer de lo muy complejo algo simple; y nunca le falla obtener la sonrisa resignada.

Mi problema es que me gana el coraje ante las ocurrencias del Presidente. Embaucó a empresarios con una rifa, y luego ya vendidos no sé qué tantos boletos, la cambió por una rifa de mil premios de veinte millones en efectivo.

¡Ah, caray! Por eso ya por fin entiendo la existencia de Brozo. Siempre consideré ofensivo al payaso maldiciento de pelos verdes, pero estamos en un país de risa, con un presidente “ad hoc” (que le queda a la medida.) Brozo llegó… ni tardo ni perezoso.

Y como ejemplo local de cosas que dan pena ser mexicano está la sugerencia de “El Bronco”, durante un debate presidencial, de cortar las manos a los ladrones como pena corporal. Así vamos, de una burrada a otra sin límite de tiempo.

Cuando le platiqué a un amigo de Manchester, hogar de la primera computadora electrónica, que Andrés pidió a los burócratas compartir sus “laptops” y “PC”, se rió a carcajadas. Yo que creía en la flema inglesa, ¡ya no le dije de la rifa!

Quedé confundido. No sé si mejor contar chistes, como Catón, o exigir justicia, para desagravio de nuestro México. Es una vergüenza, pero la famosa rifa del avión está terminando en un fraude colosal cometido por el primer mandatario. No solo se cambió el premio a medio camino, sino que se desviaron partidas del presupuesto del Gobierno para regalar boletos.

Esta singular malversación quedó al descubierto porque una escuela de El Yerbaniz, resultó tenedora de un boleto que resultó premiado con 20 millones pesos. Los ochos boletos (con valor de cuatro mil pesos) le había sido entregados gratis por órdenes del propio Gobierno.

Quiere decir que el presidente manejó la rifa en forma no solo caprichosa, sino fraudulenta, y que además dispuso de dineros públicos para poder materializar su propósito…  y el avión sigue allí.

No quiero ponerme en los zapatos de quienes pusieron 20 o 30 millones para seguirle la corriente al Presidente. En el pecado llevan harta penitencia. Si yo hubiera comprado tan solo un boleto de 500 pesos podría decirme agraviado y tendría total legitimación para denunciar al Presidente penalmente. No sería mala idea intentar comprarles los derechos a los empresarios timados y demandar al Gobierno Federal por los daños pecuniarios provocados por el Jefe del Ejecutivo. 

En todo el actuar del Presidente se detectan patrones similares. ¿Recuerdan el fideicomiso para lavar dinero durante su campaña? Aún con la evidencia de los videos y todo documentado a detalle, la justicia simplemente no pudo ser activada.

 Hay, sin embargo, otros daños a la economía aún más grandes y preocupantes. Amigos en el sector de telecomunicaciones muestran su indignación porque el Presidente está clausurando todos los programas que tienen que ver con ciencia y tecnología. Los recortes en su sector, me aseguran, van a generar un daño irreparable.

Este Presidente anda en las nubes y no escucha a nadie. Nos distrae y se burla de nosotros. ¿Acaso somos un país de sordos, o mudos, o mancos? Toleramos a un Presidente que promete y promete, pero que muy lejos está de entender sus limitaciones mentales y legales. Mientras nadie lo demande o alce la voz desde el Congreso de la Unión, seguirá volando alto el Presidente volador.

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Javier Livas

Columna: Libertad y Justicia