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Un estudio reciente de la Universidad de Connecticut reveló que los hombres tienen niveles de salud y felicidad más bajos si son el único sostén económico de sus familias.

“Nuestro estilo de vida se expande para absorber todo lo que ganemos”, observó la socióloga, que dio el ejemplo de una familia que buscaba ganar US$500.000 por año para pagar su casa de vacaciones y sus autos de lujo.

Eso no quiere decir que quienes deseen algo tradicional se deberían sentir avergonzados por ello, señaló The Atlantic.

“Hay mujeres que quieren quedarse en casa con sus niños y hay hombres que quieren sostener económicamente a sus familias”, declaró Munsch a la revista.

“Pero si podemos extraer el componente de género de la cuestión —y simplemente preguntar a nuestra pareja cuánto quiere aportar cada uno en vez de lo que se espera que aporte—, creo que nos irá mejor a todos”.

Una encuesta reciente reveló que dos tercios de las madres que no salen a trabajar aportan a los ingresos familiares de alguna forma y el 25% administra una empresa desde su hogar. La mayoría informó cierto grado de felicidad; sólo el 2% afirmó que no era para nada feliz.

Munsch afirmó que los efectos causados por los estereotipos de género son recientes y que se los puede remediar modelando viejos acuerdos maritales para llegar a fin de mes.

“Durante la mayor parte de la historia, los hombres y las mujeres trabajaron juntos y no había un modelo de ama de casa y sostén de la familia”, según ella.

Las generaciones jóvenes “informan en líneas generales que quieren estar en relaciones igualitarias, en las que ambos miembros de la pareja aporten por igual”, sostuvo la socióloga, según The Independent.

Según la revista Women’s Health, algunas señales de igualdad en la pareja son:

  • Conversaciones de ida y vuelta en las que no se impone una parte.
  • Satisfacción de ambos cónyuges con la vida sexual.
  • Apoyo mutuo y consideración de metas profesionales.
  • El salario no es una fuente de poder. Si ambas partes tratan de aportar lo más posible, se demuestra una falta de tensión.
  • Puede que haya preferencias establecidas para los quehaceres domésticos, pero ninguna de las partes debería sentirse “sobrecargada injustamente”.
  • Nadie toma las decisiones. En una relación sana, lo que digan ambas partes cuenta.

Los hombres que constituyen el único sostén económico de sus familias presentan niveles inferiores de salud y felicidad que los matrimonios donde ambos cónyuges aportan, según una nueva investigación

La Universidad de Connecticut recopiló quince años de datos de un conjunto de 9.000 hombres y mujeres casados, según el sitio web Live Science. Se evaluó la respuesta de cada participante sobre ingresos, salud y bienestar psicológico, y a medida que aumentaba la responsabilidad económica del hombre, bajaban su salud y su bienestar mental. Los hombres sufrían más cuando eran los únicos sostenes de sus familias.

Por otro lado, las mujeres presentaban mejor salud mental cuanto más dinero ganaban, y su salud física no cambiaba en relación a los ingresos, observó Live Science.

Christin Munsch, la socióloga que dirigió el estudio, atribuyó el efecto diferente del papel de sostén familiar sobre hombres y mujeres a la visión que cada sexo tiene de esa función, según la revista The Atlantic.

Los hombres están condicionados para verlo “como una obligación”, mientras que las mujeres “lo ven más bien como una oportunidad”. Además, es menos probable que a las mujeres les importe lo que piensan los demás si no son la principal fuente de ingresos en un hogar, mientras que los hombres sienten que deben aceptar cargos con salarios más altos, incluso si las tareas son estresantes y agotadoras.

Si los hombres pierden su status de sostén económico, “lo sienten como una castración, como algo malo. Es más probable que recibir cargadas de los pares diciendo que la esposa de uno es quien lleva los pantalones en la familia”, declaró Munsch al diario británico The Independent.

No obstante, Munsch no atribuye los resultados exclusivamente a expectativas dañinas según cada género y declaró a The Atlantic que “hay algo en nuestra era moderna de consumo que impulsa esto”.