El presupuesto de un país es una radiografía de extraordinaria nitidez sobre el poder y sus protagonistas. Con ese criterio, tomo algunas lecciones dejadas por la aprobación del Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) para 2019. Los pronósticos se cumplieron y aprobaron la lista de prioridades presidenciales. Lo relevante estuvo en las exigencias y en las respuestas al México organizado y desorganizado. 

Apoyar a la investigación científica es sello de identidad de las izquierdas. Por ello sorprendió que al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) le rebanaran inicialmente un porcentaje de su presupuesto. Al Conacyt se le puede criticar el burocratismo y la tolerancia a mafias académicas y al tráfico de influencias, pero en sus 47 años de existencia, ha jugado un papel fundamental en la creación de una sólida comunidad científica capaz de diagnosticar los grandes problemas nacionales.

Es por tanto positivo que dieran marcha atrás; no sólo eliminaron el recorte sino que  le aumentaron. Son poco claros los porqués y los cómos de la decisión; tal vez influyeron las discretas gestiones de académicos o, lo más probable, intervinieron aquellos integrantes de Morena con experiencia académica. 
En su versión inicial, el presupuesto recortaba con saña los recursos a las universidades públicas; argumentaron que la austeridad –como la guillotina durante la Revolución francesa– es mecanismo de igualdad y se justificaron en el indudable burocratismo y corrupción que se observa en esos claustros. Bastó que los rectores, los sindicatos universitarios y la base estudiantil se inconformaran y le recordaran al presidente que había empeñado su palabra, para que éste hiciera la rectificación. AMLO entiende el poderío de calles tomadas por multitudes enarbolando causas justas. 

Quienes, pese al período navideño, hayan seguido lo acontecido en los últimos días en San Lázaro, son testigos de la ferocidad con la cual algunos grupos de interés defendieron su porción del presupuesto. Organizaciones como Antorcha Campesina o los alcaldes del PRD cercaron la Cámara de Diputados y, con los honorables ya en cautiverio, lograron recuperar con el chantaje algunos miles de millones.

Hubo asuntos prioritarios dejados en la orfandad. Un caso ejemplar es la epidemia de diabetes. El 14 por ciento de los adultos en México es víctima de esa enfermedad. Nuestro país encabeza las listas internacionales; estamos ante la principal causa de muerte en el país (unas 80 mil por año). Los fallecimientos prematuros lastran el sistema de salud, porque son precedidos por largas etapas de discapacidad severa y costosa. 

Se equivocan quienes piensan que este sector de la población fue tratado con mimo; sobre todo porque la salud es prioridad del nuevo gobierno. El Programa de Prevención y Control de Sobrepeso, Obesidad y Diabetes fue tratado como árbol que obstaculiza la vista de un espectacular; le cercenaron alrededor del 90 por ciento. Si en 2018 tuvo 453.5 millones de pesos, en 2019 se quedó con 33 millones (es posible que la aberración haya sido modificada, pero cuando terminé este texto no había podido verificarlo). 

Esta breve revisión del PEF 2019 deja dos conclusiones: Morena y el presidente impusieron su agenda de prioridades, pero hicieron concesiones a quienes tuvieron la capacidad para apoderarse de vialidades. Como el México desorganizado es pasivo, los diabéticos y los obesos se quedaron con pocos recursos. 
Tras estos zipizapes reaparece una viejísima tradición política mexicana. Es costumbre que, cuando los presidentes inician sus sexenios, se den movilizaciones y presiones de quienes quieren “calar” la resistencia del recién llegado. En la disputa por el Presupuesto –y en los meses que lleva como presidente electo– Andrés Manuel López Obrador aparece como un mandatario pragmático, que cede cuando se juega su imagen o cuando la balanza de fuerzas obra en contra suya. Se aferra, eso sí, a unos cuantos temas.

Pronostico que en el México de la Cuarta Transformación aparecerán en la foto quienes se organicen y movilicen con los métodos de siempre. Una parte de México cambia, otra se aferra a sus tradiciones. ¡Feliz 2019! 

@sergioaguayo
Colaboró José Gerardo Arroyo Beristáin.