Los hechos ocurridos en el Colegio Cervantes y el suicidio de un menor en Saltillo, son, deben ser, una voz de alarma que nos ponga a trabajar muy duro a todos en la parte que nos toca del gravísimo problema de la violencia.

Desde que comenzaron a medirse, la cifra de homicidios en México es la más alta jamás alcanzada. La inseguridad nos agobia, nos tiene hasta el cuello. Quienes ejecutan las políticas públicas en materia de seguridad apenas les queda tiempo para pensar de bote pronto, actuar reactivamente y combatir lo más inmediato y aparatoso. Las causas de fondo permanecen olvidadas ahí, en el fondo.

En segundo plano tenemos la sanción de los delitos que apenas alcanza al 1% de los casos que se denuncian. La impunidad alcanza el 99%, esta escalofriante cifra nos condena a la desesperanza. Lejos de recibir castigo, los delincuentes saben que pueden salirse con la suya. Delinquen sabiendo que, como siempre, podrán seguir tan campantes cometiendo fechorías. Muchos gobiernos han apostado por la práctica porfirista de matarlos en caliente, práctica mucho más fácil que combatir las causas de fondo. Sabemos que se trata de una salida en falso, que canibaliza a la sociedad, multiplica las violaciones a los derechos humanos, propicia el hacerse justicia por propia mano y los justos acaban pagando por los pecadores. En el fondo no resuelve problema alguno, aunque a veces así parezca.

Cuando la procuración y administración de justicia pasa a segundo plano, como sucede entre nosotros, prevenir el delito queda nulificado en un tercer o cuarto plano que nadie atiende y muy pocos valoran. Prueba de ello es Presupuesto de Egresos de la Federación y, para el caso, el de Estados y Municipios que se encomiendan al fondeo federal en todas sus acciones en materia de seguridad.

Sin mencionar, por razones de espacio, el complejo contexto familiar, comunal y cultural, es en este marco en el que se presenta la tragedia del Colegio Cervantes en Torreón, y el suicidio de un adolescente de 14 años en Saltillo, las dos desgracias tuvieron lugar el mismo día. Ambos hechos nos interpelan y exigen de cada uno de nosotros una toma de posición y acciones en nuestros respectivos ámbitos de responsabilidad. 

Atravesamos una crisis de inseguridad que se agrava por los muchos suicidios que se suceden en Coahuila, mientras las autoridades se dejan ver perdidas, sin rumbo alguno ante una sociedad asustada y no menos confundida. 

Coahuila está lejos de los años del terror, en la cúspide del moreirato, pero no podemos echar las campanas al vuelo. Villa Unión, la ola de suicidios y los hechos del Colegio Cervantes, son una llamada de alerta que nos enfrenta a la triste realidad que pocos quieren ver. 

Para contener el delito y sancionarlo, debemos fortalecer las policías, particularmente, las municipales, apostar al federalismo contra la lógica centralizadora de la Guardia Nacional. Es necesaria una policía que viva y conviva con la sociedad que cuida y defiende. Pero no podemos dejar en sus manos ni la procuración de justicia, ni mucho menos, la prevención.

Sólo la sociedad, encarnada en familias, escuelas y valores puede cimentar una comunidad sana en la que crezcan y se conviertan en adultos los niños y jóvenes de hoy. En ella crecen, aprenden y trabajan, en ella se puede prevenir el delito. Se trata pues de fortalecer el tejido social y comunitario, tarea que parece horripilar a los políticos porque es un semillero de ciudadanos conscientes, participativos y exigentes. 

Por eso, nos vemos atrapados en la constante necedad de atacar los síntomas de enfermedades crónicas y avanzadas; en lugar de atacar las verdaderas causas que generan la descomposición social, la violencia y el delito impune.

Todavía no conozco ningún policía que lea la mente del futuro delincuente y actúe justo a tiempo para impedir el acto delictivo, lo vi en Minority Report, protagonizada por Tom Cruise, pero fuera de las pantallas no existe. 

En política pública las intenciones del gobernante se reflejan en el presupuesto. Después de las tragedias protagonizadas por menores de edad en Torreón y Saltillo, todos hablan de prevención, pero basta echar un ojo al presupuesto para medir la importancia que le otorgan los gobernantes en turno. Más grave aún, la manera en que se descobijaron grandes y buenas iniciativas de la sociedad civil. 

Corresponde a la sociedad civil organizarse para combatir este flagelo. Hacer alto total, dejar de lado el trajín cotidiano, hablar, reflexionar, dialogar indagar, llegar a las causas, exigir y exigirnos. Nuestros hijos y nuestro futuro se encuentran en juego. El problema no se irá a ningún lado, seguirá entre nosotros y de nosotros dependerá su solución o agravamiento. 

@chuyramirezr
Jesús Ramírez Rangel
REBASANDO POR LA DERECHA