Foto: Marco Medina
Marcelo Shottlender, asesor de la Embajada en Israel en México, ofreció en la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro la conferencia denominada “Cómo solucionó Israel el problema del agua”, en el marco del cuarto Foro Internacional de Agronegocios y Sustentabilidad
El líquido no tiene un valor como el que creo debería tener y sólo se cobra el bombeo de manera mínima”.
Marcelo Shottlender, asesor de la Embajada en Israel en México.

Marcelo Shottlender, asesor de la Embajada en Israel en México, ofreció en la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro la conferencia denominada “Cómo solucionó Israel el problema del agua”, en el marco del cuarto Foro Internacional de Agronegocios y Sustentabilidad.

La solución —asegura— está en dar un valor económico al agua como sucedió en Israel hace varios años, pues de otra manera continuará el desperdicio y jamás se podrá ahorrar recurso económico para emprender desarrollo tecnológico en zonas donde hay mayor desabasto. 

“En México hay muchas zonas que tienen mucha agua y en otras no. El día que compres tecnología para el agua se darán cuenta que van a ganar más dinero, se va a producir mejor, con más calidad, menos enfermedades porque todo va en aumento”, dijo durante la conferencia ofrecida a estudiantes y profesores del sector agropecuario. 

Por otro lado, Shottlender descartó que a futuro se vaya a emprender una guerra encarnizada por el agua en el mundo. “Pienso que la humanidad siempre ha sabido resolver los problemas antes de llegar a esos puntos tan críticos y las respuestas están en cómo hacer técnicas para ahorrar agua y como hacer para aumentar la cantidad de agua como salinización, reciclados, cosechas… así que no creo que sea algo real, aunque puede suceder, pero vamos a evitar llegar a esos límites”.

 

 

Karla Tinoco

Soy Karla Tinoco, tengo 29 años y nací en Durango. Soy reportera desde 2009, estudié Ciencias y Técnicas de la Comunicación, fui becaria PRENDE generación Primavera 2011 en la Universidad Iberoamericana en la Ciudad de México y me gusta contar historias, especialmente las de desaparecidos. Siempre he creído que el periodismo es el oficio más bonito del mundo, pero que no sirve de mucho si no provoca cambios en la estructura social, si no indigna, si no conmueve y si no nos hace más solidarios con los otros.