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La velocidad con que se ha implementado la política contra la contaminación ha generado cuestionamientos importantes sobre los costos humanos

Si China mantiene estas reducciones, los residentes experimentarán mejoras significativas en su salud y su vida se prolongará por meses o años. El país divulgó un plan nacional de la calidad del aire que obligaba a todas las zonas urbanas a reducir al menos en un 10 por ciento las concentraciones de contaminación de partículas finas; en algunas ciudades la reducción era mayor. La zona de Pekín debía disminuir la contaminación un 25 por ciento, y la ciudad destinó 120.000 millones de dólares para lograrlo.

China prohibió la implementación de nuevas centrales eléctricas que funcionaran con carbón en las regiones más contaminadas del país, entre ellas el área de Pekín. Las centrales ya existentes tuvieron la obligación de reducir sus emisiones. Si no lo hacían, el carbón se remplazaba con gas natural. Las ciudades grandes como Pekín, Shanghái y Cantón, restringieron la cantidad de autos en las calles. El país también redujo su capacidad de producción de hierro y acero, y cerró muchas minas de carbón.

Algunas de las medidas pasaron de ser agresivas a extraordinarias. Por ejemplo, el verano pasado, el ministerio de protección ambiental publicó un “plan de batalla” de 143 páginas que incluía la eliminación de calentadores de carbón que muchas casas y negocios utilizaban como forma de calefacción en el invierno, aunque no hubo remplazos en todas partes. Esta maniobra provocó que algunos dueños de casas, negocios e incluso estudiantes no contaran con calefacción este invierno.

 

Los medios comenzaron a reportar que las medidas están funcionando. Con información que proporcionaron casi 250 observadores gubernamentales en todo el país.

A pesar de que la mayoría de las regiones superaron sus objetivos, las ciudades más pobladas mostraron algunas de las mayores reducciones. Las lecturas de concentraciones de partículas finas en Pekín disminuyeron un 35 por ciento; la ciudad capital de la provincia de Hebei, Shijiazhuang, recortó su concentración un 39 por ciento; y Báoding, la ciudad más contaminada de China en 2015, redujo su concentración en un 38 por ciento.

Los resultados sugieren que la lucha de China contra la contaminación ha sentado las bases para lograr mejoras en la esperanza de vida. Según los datos disponibles de las 204 prefecturas, si continúa disminuyendo la contaminación del aire, los residentes podrían experimentar un incremento de hasta 2,4 años en sus expectativas de vida.

Es una estrategia que ha tenido costos reales, como lo pueden atestiguar las personas que se quedaron sin calefacción este invierno. Sin embargo, las mejoras a futuro también serán más costosas de lo necesario si se implementan por medio de decretos, en particular con muchos de los arreglos que ya se han realizado.

Con información de NY Times