También conocida como ‘enfermedad celiaca’, es una disfunción en la que el sistema inmune no tolera la presencia de gluten, y reacciona destruyendo la mucosa del intestino delgado, donde se absorben los nutrientes que necesitamos para vivir

La celiaquía o enfermedad celiaca es una disfunción autoinmune que se manifiesta como una inflamación crónica en la parte proximal del intestino delgado o yeyuno, causada por la exposición a la gliadina, una proteína vegetal presente en los cereales.

 La gliadina, también llamada gluten, es la proteína presente en el trigo, la cebada, el centeno, el triticale y se cree que posiblemente en la avena. 

En las personas genéticamente sensibles, la presencia de gliadina, provoca que el sistema inmune reaccione contra sí mismo. Esa reacción se manifiesta en el intestino delgado como una inflamación que provoca el deterioro de las vellosidades que lo recubren, causando interferencias en la absorción de los nutrientes contenidos en los alimentos. 

Son como raíces

En condiciones normales, todo alimento ingerido debe pasar por un proceso de digestión que lo reduzca a partículas más pequeñas para que los nutrientes puedan ser absorbidos por el cuerpo.

Esa absorción tiene lugar en el intestino delgado y para que esto sea posible es necesaria la presencia de vellosidades que son como pequeñas raíces que cuelgan del interior del intestino. 

Su función es similar a la que realizan las raíces de los árboles, siendo la longitud de esas raicillas esencial para que la absorción de nutrientes se produzca en mayor o menor grado. Cuando la longitud de esas raicillas o vello intestinal se acorta, la absorción de nutrientes se reduce y la salud alimentaria de la persona queda restringida. Y es precisamente lo que sucede con los celíacos: ellos sufren de un acortamiento en esas raicillas, provocado por la intolerancia al gluten. Lo cual termina provocando un problema de malnutrición debido a una carencia de vitaminas, minerales y calorías, que afectan a la persona celíaca, aunque se alimente en demasía. 

Un factor hereditario 

La celiaquía es un trastorno que aparece a cualquier edad en personas genéticamente predispuestas. 

El factor hereditario es importante para el desarrollo de esta disfunción. Por lo tanto, si algún miembro de su familia presenta los síntomas de celiaquía, es importante que los demás se realicen pruebas de la enfermedad para evitar riesgos innecesarios. 

Aunque el trastorno es causado por una reacción a las proteínas de los cereales, no se trata de una alergia a esos alimentos. El término adecuado es ‘intolerancia al gluten’. También se han acuñado los términos ‘enteropatía sensitiva al gluten’, ‘esprúe endémico no tropical’ y ‘esprúe celiaco’. 

El término ‘celiaco’ viene del griego koiliakos, que significa ‘abdominal’. Fue usado por primera vez en el siglo 19 en la traducción de un documento escrito por Aretaeus de Capadocia, médico de la antigua Grecia, que en el siglo 2 antes de Cristo hizo una descripción de la enfermedad. 

Los síntomas 

La celiaquía suele aparecer durante los primeros meses de vida, cuando se comienza a administrar al bebé alimentos (cereales) diferentes a la leche. También puede manifestarse en la adolescencia o la adultez. 

Si no es bien llevada o no es diagnosticada, se convierte en una disfunción crónica que puede provocar una gran cantidad de complicaciones. 

Se estima que afecta a una de cada 100 personas, pero es una enfermedad considerablemente subdiagnosticada. De hecho, dos de cada tres celíacos no saben que lo son. 

Los síntomas de la enfermedad incluyen diarrea crónica, retraso del crecimiento, fatiga, erupciones en la piel, pérdida de peso, cambios en el carácter, vientre hinchado y anemia (estos síntomas pueden estar ausentes y aparecer de manera esporádica). 

Enfermedades asociadas 

Existen disfunciones que suelen manifiestarse junto con la enfernedad celiaca, entre ellas están la diabetes tipo I, la demartitis, intolerancia a la lactosa, enfermedad de la tiroides, enfermedades hepáticas, síndrome de Down, enfermedad inflamatoria intestinal, lupus eritematoso sistémico, artritis reumatoide, alopecia, vitiligo y psoriasis. 

Tratamiento 

Tratar la intolerancia al gluten parece fácil: se descartan los alimentos que contienen esta proteína y desaparece el problema. 

Pero la realidad es más complicada, porque, además de la harina del trigo y de otros cereales, el gluten está presente en muchos productos como espesante, conservante y estabilizante, formando parte de alimentos procesados que van desde salchichas hasta sopas. Las harinas de arroz, maíz y amaranto, pueden reemplazar a la de trigo en muchas recetas sin gluten. 

De hecho, una alimentación libre de gluten es lo único que asegura la regeneración de las vellosidades intestinales. Esa alimentación debe ser además baja en grasas y alta en otras proteínas, con una adecuada dotación de vitaminas y minerales provenientes de frutas y verduras. 

Un límite legal 

Para tranquilidad de los celiacos, en muchos países se permite etiquetar un alimento como ‘libre de gluten’ cuando el contenido de dicha proteína no supera los 20 miligramos/kilogramo de producto. Este nuevo parámetro abre la posibilidad de consumir una gama más amplia de alimentos de una manera segura para los celíacos. 

Diagnóstico 

Ante la sospecha de celiaquía, el método de certeza más seguro es la ‘biopsia del yeyuno’, que permite observar directamente la calidad de las vellosidades intestinales. Otros métodos incluyen la ‘prueba de carga de grasa’, que se lleva a cabo en las heces fecales; la prueba para determinar la absorción de vitamina B12; la prueba de tolerancia a la lactosa; la radiografía simple del abdomen y el estudio del tránsito intestinal con bario. (Selector de Vanguardia)