Una importante cantidad de mexicanos estamos profundamente insatisfechos por el resultado de la consulta por la que se determinó la no continuación de la construcción del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México en Texcoco. Disentimos con el resultado, con el método que estuvo plagado de irregularidades e incluso con la consulta misma, no sólo por la naturaleza técnica del proyecto sometido a consulta, sino también porque la misma carece de las formalidades que nuestro marco normativo exige.

Sin embargo, también estamos seguros que nuestra opinión no le importa al nuevo gobierno, comprendemos que como gobierno electo por la mayoría puede tomar decisiones, aunque éstas sean contraproducentes para el País. En ese tenor partiré en este artículo del supuesto que es un hecho consumado que el NAIM en Texcoco será cancelado y se comenzará con la implementación del plan alterno en Santa Lucía y Toluca.

Ello arroja un nuevo problema a la arena pública, tenemos obras avanzadas en Texcoco, con una inversión que oscila entre los 120 mil millones y los 190 mil millones de pesos, por lo que surgen las siguientes preguntas: ¿Como país qué hacemos con esas obras? ¿Qué destino le vamos a dar a esos terrenos? ¿Cómo evitar que una inversión tan grande quede sin uso y no genere beneficios para los mexicanos?

Las preguntas son lo más honestas posibles, algo tendremos que hacer para aprovechar las obras, el País no se puede dar el lujo de tener obras tan caras sin ningún uso y el plan para aprovechar lo invertido corresponderá al propio gobierno entrante y, en concreto, a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes.

Siendo honesto, yo no alcanzo a imaginar en este momento qué uso le podríamos dar al sitio, o más bien hay muchos usos posibles como construir un gran parque público, pero ese destino no alcanza a desquitar la inversión realizada, es decir, usarlo como un parque o habilitarlo como un centro deportivo implica un desperdicio tremendo de recursos.

Es decir, la única forma en la que se evite un daño irremediable al País requiere que se encuentre un uso para la obra que genere desarrollo público, es decir, hacer que el gasto se convierta en una inversión y por más que pienso, a mí en lo personal, no se me ocurre una opción suficiente.

Ello sin contar con los compromisos que seguramente tendrá que asumir el País para cumplir con los contratos y los compromisos firmados. Ya que sería iluso pensar que los mismos no incluyan una clausula de arbitraje en una corte internacional, por lo que es previsible que el Gobierno de México tenga que liquidar casi la totalidad de la obra del NAIM de Texcoco, a pesar de que la misma no se concluya.

Debido a lo anterior, espero de buena fe que el próximo gobierno tenga claridad respecto a qué va a hacer con la obra que está inconclusa, pero a la que le hemos invertido miles de millones de pesos y cómo responderá a los compromisos contractuales de la misma. Ya que la carga al País fue importante y no sacarle provecho alguno sería impensable.

@victorsanval

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