Patrimonio de la Humanidad. Consiguió esa designación en 2008. / Archivo
Esta hermosa ciudad colonial, declarada Patrimonio de la Humanidad, tiene una identidad única que atrae el interés de visitantes nacionales y extranjeros

Quizá intemporal sea uno de los adjetivos que mejor definan el encanto de San Miguel de Allende, para mí uno de los lugares más atractivos, pintorescos y bohemios del Bajío e indudablemente de todo el país.

Esta hermosa ciudad colonial, cálida y hospitalaria, declarada Patrimonio de la Humanidad, tiene una identidad única que atrae el interés de visitantes nacionales y extranjeros (muchos de ellos han fijado aquí su residencia permanente), dándole un estilo cosmopolita que se ha fusionado con la identidad mestiza de sus tradiciones.

Buen ejemplo de esto es La Calaca Festival, que este año es su séptima edición del 31 octubre hasta el 4 de noviembre. El evento honra una de las festividades más emblemáticas de México a través de una intensa agenda de actividades culturales en la que participan artistas de varios países. Incluye fiestas temáticas, la instalación de una monumental pirámide de muertos así como un altar digital (lacalacafestival.com).

Por supuesto que en toda la ciudad habrá eventos alternativos como la Cena Negra —convertida ya en una tradición— del restaurante Moxi en el hotel Matilda. Este año rinde homenaje a la mujer con la participación de la chef Gabriela Ruiz (GourmetMX, Villahermosa, y Carmela y Sal, CDMX), Bertha González (cofundadora de Casa Dragones y primera mujer en México certificada como Maestra Tequilera) y la chef repostera Fernanda Prado (líder en su ámbito y propietaria de Gelatoscopio).