Es bueno hacer un recuento de lo vivido al concluir un ciclo, nos permite ver con mayor claridad el camino recorrido y nos da elementos para las reconsideraciones y los proyectos futuros. Porque al final del día como escribía Machado, “todo pasa y toda queda” ¿qué pasa y qué queda? La vida está hecha de luces y de sombras, de tristezas y de alegrías, uno decide que toma y que deja. La fuerza interior es la que te permite lidiar con las incertidumbres, con las desesperanzas, con los desengaños, con todo eso que acongoja al espíritu, y aunque resulte paradójico, son estas grisuras las que te aportan reciedumbre y templan tu carácter. Llegas a un punto en que dejan de inquietarte las cosas intrascendentes y te centras en lo que vale la pena porque es lo que te enriquece por dentro y cuando esto ocurre empiezas a vivir de manera diferente. Cambian tus prioridades y por ende tú mismo, hay una nueva visión del mundo del que eres parte, te integras con otra actitud y de pronto descubres que los intereses de los demás son tan importantes como los propios y así nace la causa común. Y entonces la adversidad pasa a segundo término, te deshaces de una carga inútil y pesada e inicias la jornada con la alegría y el entusiasmo que nunca debes permitir que se ausenten de tu vida.

Dijo Soichi Honda, el fundador de la compañía que lleva su nombre que: “Solo tenemos un futuro y estará hecho de nuestros sueños”. Yo comparto este pensamiento. De ahí la relevancia de impedir que nos arrebate nuestros sueños la mediocridad galopante de estos tiempos, el conformismo deleznable que ata a la voluntad y medra los afanes para salir adelante. No se vale resignarse y aceptar un estado de cosas que nos disgusta porque decidimos no luchar para cambiarlo. Todo en la vida cuesta alcanzarlo, y los sueños se vuelven realidad con trabajo, con dedicación y con perseverancia. Quien diga lo contrario es un mentiroso. 

Las cosas no van a cambiar por arte de magia, tenemos que provocar esa transformación, pero antes debemos variar las circunstancias"

México, o sea nosotros, somos una sociedad muy agraviada, partida en  muchos pedazos, carecemos de sueños colectivos, no sabemos conjugar en plural y esto le ha permitido al individualismo extenderse, cobrar terreno en el día a día, de modo que el futuro común solo será posible si decidimos reconstruirnos como seres sociales, es decir, si privilegiamos nuestra naturaleza gregaria, si le permitimos resurgir como la mítica ave fénix al NOSOTROS. Necesitamos, primeramente, abandonar nuestra zona de confort, sí, debemos dejar el espacio en que nos sentimos protegidos porque la rutina ya hizo su trabajo, la geografía de ahí nos es familiar. Es urgente, insoslayable, adentrarnos en un territorio en el que los mapas de navegación no son muy claros para quienes se han convertido en mirones de lejos, porque ahí están las rutas hacia el crecimiento objetivo, hacia el desarrollo equitativo, hacia la igualdad de oportunidades, hacia allá tenemos que llevar a una sociedad mayoritariamente integrada por JÓVENES. México es un país de jóvenes. El grueso de esos jóvenes viven HOY en un contexto crítico. Y esto se concentra en un punto toral que tiene que mejorar y al que hay que invertirle a lo grande: EDUCACIÓN.  Quienes le han apostado a esto están a la vanguardia del bienestar generalizado, como Finlandia y Noruega. ¿Sabe que hace falta? Voluntad política y esta no abunda, porque tiene un costo político también, es lo que le ha faltado al gobierno de Peña Nieto, y nomás ha hecho como que si lo hace, pero no hace nada. Y es que pesa el sindicalismo mal entendido de los lideretes que pactan directamente con su gobierno. De ahí que el empuje tiene que venir de la sociedad civil, de esa que ya está harta de la mediocridad y la corrupción.

El futuro no les pertenece a quienes se conforman con el presente”.
Robert Kennedy

Las cosas no van a cambiar por arte de magia, tenemos que provocar esa transformación, pero antes que nada debemos variar las circunstancias. Nosotros, como sociedad tenemos que hacernos cargo de la parte que nos corresponde en esta responsabilidad de mejorar lo que existe. Nosotros vivimos en México, es el hábitat al que pertenecemos, por ende debe importarnos lo que aquí suceda. Tenemos un deber primario como miembros de la misma agrupación, y estriba en exigir a nuestros gobernantes que cumplan con las funciones para las que se alquilaron. En unos meses tendremos elecciones, se renuevan Congreso y Presidencia de la República, vote por aquellos que entiendan los desafíos del futuro.

Que sea venturoso el 2018, estimado lector, para usted y sus seres queridos. ¡Gracias Dios por el regalo de la vida! 

¡Feliz Año Nuevo!