Olivier Assayas, director de "El otro lado del éxito", y la actriz Juliette Binoche, al centro, en la primera proyección del filme en el Festival de Cine de Cannes en Francia, el 23 de mayo de 2014. (Arnaud Brunet/The New York Times)

Por Kyle Buchanan, Manohla Dargis y A.O. Scott

El Festival de Cine de Cannes se ha cancelado algunas veces desde que se pospuso su primera edición debido a la Segunda Guerra Mundial. En su mayor parte, el espectáculo ha continuado desde 1946, pero ese no es el caso este año. La edición número 73, cuyo inicio estaba programado para el 12 de mayo, ya no se celebrará. En cambio, en junio, el festival lanzará una lista de películas que habían sido elegidas para este año, otorgándoles el codiciado sello de Cannes. Nuestros críticos Manohla Dargis y A.O. Scott, así como nuestro columnista de la temporada de premios, Kyle Buchanan, veteranos de los festivales de cine, reflexionan acerca de lo que hace esencial a este evento para tantos cinéfilos.

KYLE BUCHANAN: Se arruinó la temporada de premios. Después de una gran edición 2019 donde comenzó la exitosa racha de “Parásitos” de Bong Joon Ho —el primer filme ganador de la Palma de Oro en 64 años que también se llevó el Oscar a la mejor película— las expectativas para el festival de este año estaban por los cielos. El evento iba a comenzar a mediados de mayo, pero conforme una pandemia sigue tomando de rehén al mundo, se volvió impensable continuar con una reunión de dos semanas a la que asisten celebridades del cine de todo el mundo, quienes disfrutan una celebración llena de glamur y alta costura.

El festival de Cannes se canceló, y los organizadores esperan reorganizar el evento en algún momento. Manohla y Tony, ustedes saben cómo es el festival de cine más prestigioso del mundo. ¿Qué se pierde cuando se cancela el festival de Cannes?

A.O. SCOTT: A diferencia de los tres grandes festivales de otoño — Venecia, Telluride y Toronto— Cannes es independiente de la temporada del Oscar estadounidense. Eso no quiere decir que le falte revuelo, sino que su bombo es más contenido e interno. No necesita la academia, aunque acepta felizmente a Hollywood. Durante once o doce días, el festival se convierte en un universo cinematográfico por sí mismo. Cuando estás dentro de él, el resto del mundo parece irreal. Desde afuera, parece una extraña esfera de cristal llena de estrellas de cine. 

Pero es importante porque, detrás de todas esas fotografías frenéticas, fiestas en yates y <em>marchas </em> elegantes por la alfombra roja, se encuentra una devoción casi religiosa al cine, una pasión por el arte que no es esnob ni cínica. Todo tipo de películas se proyectan en la competición principal y las otras muestras, y, aunque algunas ganan premios y captan la atención de la prensa, a todas les dan por lo menos un momento de gloria. Hay pocas escenas más conmovedoras que ver cómo un novato sube por la escalera del Palais para asistir a su proyección de gala, recorriendo el mismo camino que los ganadores de la Palma y el olimpo de autores.

MANOHLA DARGIS: No tengo duda de que Cannes —y la mayoría de los festivales, cines, películas y espectadores— regresará. Es obvio que apoyo al festival, al que he asistido durante años y que amo. Ahí puedes ver algunas de las más nuevas y mejores películas del mundo en un solo evento, lo cual es emocionante, agotador y alocado, solo porque quieres ver todo y no es posible hacerlo. Y, como hay tantos estrenos, puedes descubrirlas tú mismo. Supuse que “Parásitos” sería buena por Bong, el director. Pero en Cannes la vi antes de que nadie pudiera decirme (y volver a decirme) que es genial. Asistir al festival es un privilegio en muchos aspectos

Es difícil que los estadounidenses entiendan la importancia de Cannes para el resto del mundo. Eso se debe a que nuestro aislacionismo se extiende a la cultura. Fue emocionante ver que “Parásitos” tuviera éxito en Estados Unidos, lo cual ocurrió, en parte, gracias al festival. Es un generador impresionante de publicidad, y los miles de periodistas que asistieron al evento el año pasado sembraron el interés en la película a nivel internacional, dándole un impulso estupendo que solo aumentó conforme se proyectó en otros festivales mundiales. Disney puede dominar los estrenos de fin de semana tan solo con su marca. Pero películas como “Parásitos” necesitan festivales, y, para volverse verdaderamente grandes, creo que necesitan el festival de Cannes.

BUCHANAN: Ambos tienen razón sobre la manera en que Cannes, a pesar de todo su glamur, trata el cine de autor como un llamado divino: cuando miles de personas están vestidas de gala para ver una película de arte de ritmo lento y con una duración de tres horas —y en el momento en que hacen una ovación de pie al final— comienzas a preguntarte si los franceses no tienen palabras para decir “superhéroe” o “franquicia”, y si así viven mejor.

Sin embargo, ahora que el Hollywood reaccionario está pasando por una transformación de la era de los servicios de emisión en continuo, también Cannes lo está viviendo, y siempre me interesa la manera en que la tensión entre la tradición y el progreso se desarrolla en el mundo real. Ya sea el repudio hacia Netflix por parte del festival, o la manera en que Cannes lidia con el movimiento #YoTambién y la paridad de género, las controversias en la Croisette pueden ser aleccionadoras. Parece raro decir que extrañaré todo eso, pero creo que Cannes es un espejo elegante y distorsionado de Hollywood, y siempre me voy de ahí con una nueva perspectiva acerca de la cultura a la que voy de regreso.

SCOTT: En el último par de años, la querella entre Cannes y Netflix — sí, voy a adornar lo que digo con galicismos, ¿y qué?— ha servido como un microcosmos picante de las tensiones más grandes dentro de la industria mundial del cine. La tradición francesa de subsidiar y defender su patrimonio cultural a menudo es motivo de burla para los estadounidenses dentro y fuera de la industria cinematográfica, pero, si debo tomar partido entre Francia y las empresas tecnológicas monopólicas estadounidenses, siempre elegiré a Francia.

Sin embargo, no hay duda de que le streaming como fuerza cultural y económica ha sido reforzado por el coronavirus, y que la pregunta acerca de si Cannes regresará surge de incertidumbres más profundas y ansiedades más grandes acerca del futuro del cine.

DARGIS: Yo también le voy a Cannes. He estado pensando mucho sobre la experiencia de ir al cine mientras estoy en confinamiento porque paso una cantidad sorprendente de tiempo frente al televisor (viendo viejas películas hollywoodenses y una serie policiaca británica). No hay nada como verte obligada a quedarte en casa para apreciar la belleza de salir, sobre todo al cine. Eso me ha recordado que, aunque me dedico a escribir sobre películas, al igual que ustedes dos, no escribo lo suficiente acerca de la <em>experiencia</em> de verlas en el cine. Pero deberíamos hacerlo porque es esencial para la manera en que vemos y entendemos las películas, así como la manera en que nos afectan.

Hace poco entrevisté a James Gray, quien ha presentado cuatro de sus películas en la competencia principal del festival, incluyendo “Sueños de libertad”, en 2013. Comenzamos a hablar sobre la experiencia de ir al cine, y él dijo que, básicamente, su propósito como cineasta es captar la atención de la audiencia. O, como él lo dijo: “Mi trabajo es hacer que te sientes en ese cine de principio a fin, y que no pienses en tu vejiga, que sientas que no hay más opción que ver la película— y de eso se trata el concepto de aumentar las tensiones dramáticamente”. Cuando pones pausa a una película o empiezas a enviar un mensaje de texto a la mitad de un filme, conviertes el cine en televisión.

c.2020 The New York Times Company


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