Una bella estampa de molinos en un cerro de la localidad de Consuegra, salpimentado por un bello atardecer. / Fotos: EFE.
Viajando por tierras castellano-manchegas, siguiendo los pasos del hidalgo más famoso de la literatura, nos topamos con sus molinos de viento, los mismos temidos “gigantes” que nos mostró Miguel de Cervantes en la novela más universal escrita en castellano

Los molinos de viento, aquellos mismos que Don Quijote veía como “desaforados gigantes” corresponden, sin duda, a la postal más reconocible de La Mancha. 

Son muchos los pueblos castellano-manchegos almenados de “esos gigantes de brazos largos” que aportan solera a sus imperturbables mesetas.  

Más que un icono español que representa la imagen más quijotesca, la silueta de los molinos con sus aspas cercenando la llanura manchega es el objetivo de muchos viajeros. 

Muchos piensan que el molino es una estructura creada en España, ya que es uno de nuestros iconos y, en efecto, aquí están desde el siglo XVI pero, como nos explica José Manuel Perulero, responsable de la Oficina Turismo de Consuegra, “su origen es muy probable que se deba a los cruzados, ya que fueron descubiertos en Jerusalén, y de allí se los llevaron por el Mediterráneo, pues hay molinos en Grecia, en Rodas. Aquí, en la Península Ibérica, se colocaron en las zonas más secas y ventosas”. 

Durante siglos el hombre había triturado el grano con aparejos comunes a muchas civilizaciones que constaban de dos piedras pulidas, una llana para depositar el grano y otra más redondeada que servía para quebrarlo. Después surgieron los conocidos como molinos de agua, los cuales aprovechaban la fuerza de los ríos para moler.

Pero con la llegada a España de los cruzados de la Orden de Malta, venidos de Tierra Santa, trajeron una nueva idea para moler el grano perfecta para el clima seco pero ventoso del interior de España.  

Dos molinos en la localidad de Campo de Criptana.

“Allí en Jerusalén vieron este tipo de construcciones de gran tamaño que aprovechaba los distintos vientos para hacer funcionar una maquinaria y moler inmensas cantidades de grano en poco tiempo”, nos dice Perulero. 

“De ese modo se mandaron levantar grandes molinos de viento en cerros y altozanos de La Mancha para moler el grano del trigo más rápido y paliar el hambre del pueblo”. Por cierto, La Mancha es un topónimo de origen árabe que proviene de “Manxa” o “Al-Mansha”, que significa "tierra sin agua".  

CONSUEGRA Y CAMPO DE CRIPTANA, MOLINOS CLÁSICOS

Hoy se puede seguir la ruta de los molinos que han sobrevivido al paso del tiempo.

Comenzando en Consuegra (9.970 habitantes), localidad toledana de origen romano con un casco histórico muy interesante, en ella se conservan  doce molinos de viento, siendo el mayor número de molinos de viento de toda La Mancha. 

Todos ellos están alineados sobre el curvilíneo Cerro Calderico, junto a un castillo de origen árabe reformado por la Orden de Malta, la mayoría abiertos al público. 

No son los más antiguos  -en antigüedad ganan los de Campo de Criptana-, la mayoría son del siglo XIX, alguno más antiguo, pero están construidos de la misma forma. 

Este grupo de molinos de irrepetible estampa es uno de los más amplios conjuntos de La Mancha y de los mejor conservados, como Bolero, donde se encuentra la oficina de turismo y se conserva el moledero de trigo.

Aspecto de un molino visto desde el interior de otro en la localidad manchega de Campo de Criptana.

Otros como Sancho, conservan la maquinaria completa del siglo XVI , un prodigio de cuatro siglos, que se pone en la Fiesta de la rosa del azafrán, el último fin de semana de octubre, una vez orientada su cabecera de madera y sus aspas.

Algunos de los molinos tienen hoy en día otras funciones, como el museo de la molienda o el del Caballero del Verde Gabán, como gastromolino. 

Pero, por encima de todo, los macizos molinos de Consuegra embellecen el curvilíneo perfil de esta villa milenaria con uno de los más bellos y representativos horizontes en La Mancha. 

Sobre el Cerro de la Paz, en Campo de Criptana (Ciudad Real) se conservan los diez molinos de viento declarados Bien de Interés Cultural. 

Frente a los molinos de Consuegra que rodean la villa, los de Campo de Criptana, localidad de casi 13.500 habitantes, “están integrados en el núcleo mismo de población, junto al barrio de Albaicín, empinado y estrecho barrio que se levanta sobre la abrupta subida del cerro”, nos explica Rosana Fernández, concejala de Cultura y Turismo.

Aquí abundan las casas con cuevas naturales, de las que habría unas 60 o 70, y que hoy una se puede visitar, mientras otras están reconvertidas en típicos restaurantes.

“De los molinos tenemos vestigios desde tiempos de Cervantes, incluso antes, desde principios del siglo XVI, y están calculados sobre una treinta de molinos”, nos informa la concejala. 

Se trata, con bastante probabilidad, según los investigadores,  del escenario en el que Cervantes sitúa la lucha de Don Quijote contra lo que él veía como gigantes. 

“Algunos conservan su maquinaria original, como Burleta, que celebra el primer domingo de cada mes -paralizado con la pandemia- una molienda para que los visitantes conozcan de primera mano este proceso mecánico medieval”. 

Casi todos ellos son visitables, algunos se han convertido en minimuseos de diferentes temáticas; el del Culebro está dedicado  a la cantante y actriz, Sara Montiel, natural de Campo de Criptana y que, a partir de este otoño, contará con todo un centro en torno a su figura. 

Los molinos de Consuegra, en plena Mancha.

MÁS MOLINOS, DESDE ALCÁZAR A MOTA DEL CUERVO

A tan solo 8 kilómetros de Campo de Criptana está la bulliciosa  Alcázar de San Juan, (30.766 habitantes), de la que ya se pueden distinguir las robustas siluetas de sus cuatro molinos de viento, seña y marca, de otra pintoresca imagen manchega.

En esta comarca de Alcázar las reticencias iniciales de la Orden de San Juan, propietaria de los molinos de agua, hizo que se desarrollaran más rápidamente los molinos de viento en otras zonas como la vecina Criptana, al amparo de la Orden de Santiago. 

Sin abandonar Ciudad Real, Puerto Lápice, es uno de los lugares imprescindibles de la Ruta de los Molinos de Viento y, aunque la mayoría de los visitantes se detienen buscando su antigua plaza porticada y sus ventas típicas, lugares de paso que funcionaron durante siglos, como La Venta del Quijote, la localidad posee tres molinos del siglo XIX.

Miguel de Cervantes residió durante un tiempo en la población conquense de Mota del Cuervo, por si visita el pueblo, podrá divisar un amplio horizonte de campos de trigo donde se alzan siete molinos, siete ejemplos del patrimonio arqueológico industrial manchego.

Todos ellos tienen nombre, aunque solo uno de ellos, el Zurdo, es auténtico; los demás se construyeron hace pocos años siguiendo el esquema tradicional. 

La ruta incluye más lugares con molinos de viento, como la cervantina Argamasilla de Alba, (6.955 habitantes) donde además se encuentra la Casa de Medrano, en cuya cueva estuvo preso Miguel de Cervantes, lugar donde se dice que concibió o alumbró a “El Quijote” y que se suele identificar como ‘ese lugar de La Mancha, de cuyo nombre…’ no quiso acordarse.