Inicialmente le dieron un diagnóstico equivocado y días después determinaron que se trataba de queratitis microbiana. Foto: Especial
La británica comenzó a sufrir las consecuencias luego de unas vacaciones en Escocia; tuvo que realizarse un trasplante de córnea para recuperar la vista

CIUDAD DE MÉXICO.- Como bien sabes, los lentes de contacto funcionan para corregir errores refractivos y mantener la salud ocular.  

Las lentillas se adhieren al fluido lagrimal de la superficie del ojo y se mueven de manera natural con él. 

Entre las ventajas está que son fáciles de colocar y son tan ligeros que no se sienten, a diferencia de los lentes de armazon tradicionales.

Sin embargo, las personas que los utilizan deben seguir las indicaciones del médico o pueden ocurrir consecuencias irreversibles. 

Recientemente se dio a conocer el caso de Emma Jenkins, una británica que quedó casi ciega por una infección que adquirió luego de nadar en una alberca usando los lentes de contacto. 

De acuerdo con el medio The Scottish Sun, la mujer de 39 años, madre de dos hijos, estaba de vacaciones en Escocia en 2013 cuando luego de meterse al agua comenzó a sentir un fuerte dolor en el ojo, sin imaginarse que una de las lentillas acaba de hacer contacto con microorganismos que quedaron atrapados, causándole una inflamación. 

Jenkins esperó una semana, hasta que terminaron sus vacaciones y, una vez que estaba en su ciudad natal, Bournemouth (Inglaterra), fue al médico. 

Inicialmente le dieron un diagnóstico equivocado y días después determinaron que se trataba de queratitis microbiana: la mujer tenía la córnea inflamada e infectada, y posteriormente una úlcera cubrió todo su iris. 

Más tarde, Jenkins fue internada en un hospital y le proporcionaron un tratamiento que no la ayudó. Al contrario, su salud se empeoró con el tiempo  y sufría fuertes dolores, al punto que no podía mover el párpado. Ademas, fue perdiendo la vista progresivamente. 

Así continuó su calvario durante casi tres años. Gracias a un trasplante de córnea en abril del 2016, la británica consiguió recuperar parcialmente la visión.

Sufro de ojo seco [queratoconjuntivitis] y no logro enfocar pero vale la pena poder ver de nuevo".

La mujer relató su historia a los medios para ayudar a la gente a ser más consciente sobre su patología y por lo tanto tener más cuidado en el uso de las lentes de contacto.