Estoy viviendo tantos cambios que no sé quien soy ni hacia donde voy. Para saberlo no necesito sus sermones o presión, sólo su cariño y aceptación, porqué sólo así podré descubrir quién soy realmente.

 No arruinen nuestra relación regañándome a toda hora por el desorden de mi habitación o por mi mal aspecto. Siento más deseos de complacerlos cuando me aprecian que cuando me reprenden.

 Cuando me critican para corregirme, me defiendo y no acepto mis errores o mis defectos. Sus críticas no me ayudan a cambiar sino que aumentan mi malestar. Además, duelen más porque vienen de quien más quiero.

 Escúchenme con atención y no desaprueben lo que expreso, aludiendo a que no vale la pena sufrir por eso. Estaré más dispuesto a escuchar sus sugerencias si no tengo que defenderme y tratar de convencerlos de lo que les explico, con o sin razón; es sinceramente lo que siento.

 Déjenme ser autónomo y decidir cómo vestirme, cómo peinarme y cómo organizar mis cosas. Cuanto más dependiente me hagan, más tendré que rebelarme para lograr independizarme.

 Los procesos hormonales que afectan a todo mi cuerpo me producen una serie de sensaciones que ni conozco, ni sé manejar, alterando mi estado de ánimo sin que lo pueda controlar. Mi mala cara no es contra ustedes, sino mi propia forma de reaccionar a todo esto.

 Como ya no soy un niño pero aún no soy adulto, no me siento parte de los unos, ni aceptado por los otros. Es por eso que me urge pertenecer y ser aceptado por mis compañeros. Y por eso hago lo posible por parecerme a ellos.

 No me bombardeen con preguntas ni traten de forzarme a que les cuente mis intimidades. Compartiré mis experiencias cuando esté seguro de que serán bien recibidas.
 Cuando me dejan hacer todo lo que quiero y no saben siquiera dónde estoy, me siento perdido, solo y abandonado porque deduzco que, si poco importo, poca cosa soy.
 Aunque los quiero profundamente no me gusta que me acaricien y menos delante de mis amigos. Entiendan que si los rechazo no es porque no los quiera, sino porque quiero sentirme mayor.

 No me tengan miedo ni teman ser contundentes conmigo al prohibirme todo lo que me haga daño o ponga en peligro mi vida. Cuando me doy cuenta de que los intimido o se ven desesperados porque no pueden conmigo, me desespero y tengo ganas de dañarlos para forzarlos a controlarme.

 No me traten con indiferencia ni condicionen su amor a mi buen desempeño. Necesito saber que me quieren por lo que soy, no por lo que aprenda o por los éxitos y honores que consiga. Ayúdenme a desarrollar mis cualidades, no simplemente mis capacidades, cultivando mi corazón y mi alma, no sólo mi inteligencia. Recuerden que es más importante llegar a ser una buena persona que conseguir cualquier éxito profesional.

 Tengan en cuenta que tal como están las cosas, le tengo más miedo a vivir que a morir. A veces me siento muy pesimista respecto a mi futuro y el del mundo en general y llego a pensar que no vale la pena vivir.

 Cultiven mi fe en la humanidad, infúndanme esperanza en un mañana mejor y, sobre todo, ayúdenme a amar a Dios y la vida que me dio.

¡Recuerden, no soy malo, simplemente me siento mal!
 
Autora: Ángela Marulanda

Del libro “Creciendo con nuestros hijos”.

Para todos los que somos madres y padres de familia, quizá en algunas cosas no estemos de acuerdo en este texto, pero vale la pena leer y reflexionar sobre cómo estamos educando a nuestros hijos, tengan un bonito miércoles.

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