El Quijote I, 45

Como parte de la locura que sufre cuando de asuntos de caballería se trata, en el camino don Quijote cree que la bacía que un barbero trae sobre su cabeza para protegerse, es el legendario yelmo de Mambrino.

La bacía era un utensilio usado por los barberos para el ejercicio de su oficio y el yelmo parte de la armadura para cubrir la cara. El yelmo del rey Mambrino, que le ganó Reinaldos de Montalbán, según el relato del “Orlando enamorado”, convertía en invulnerable a quien lo portaba.

Bajo la creencia de que se trata del yelmo de Mambrino, don Quijote despoja a su propietario de la bacía al igual que de la albarda o aparejo de su asno. Poco después, en la venta (hospedería del camino), el despojado barbero encuentra a don Quijote, a Sancho Panza y al amigo de ambos maese Nicolás, al barbero de su aldea, así como a otros personajes.

Por seguirle el humor a don Quijote y además burlarse de él, discuten  en la venta si esa simple bacía de barbero es realmente el yelmo de Mambrino; la sola duda irrita bastante a don Quijote. En cambio, para completar la burla, le dicen que la albarda del jumento es un rico jaez de caballo y don Quijote en este caso no se confunde, pues dice que a él le parece albarda pero que en eso no se entremete.

Pero quien sí se confunde del todo es el despojado barbero, quien no entiende por qué razón los presentes consideran que la albarda de su pollino es rico jaez de caballo; y por qué don Quijote y los demás tienen por yelmo de Mambrino la que es su bacía.

Para dirimir el asunto y completar la diversión, se llega al extremo de que uno de los presentes lleva a cabo una especie de votación.

Escribe Cervantes: “No menos causaban risa las necedades que decía el barbero que los disparates de don Quijote, el cual a la sazón dijo:

- Aquí no hay más que hacer sino que cada uno tome lo que es suyo, y A QUIEN DIOS SE LA DIO, SAN PEDRO SE LA BENDIGA”.

Si se ha determinado que en realidad es el yelmo de Mambrino y lo que el barbero despojado reclama es una bacía, está claro que no tiene derecho a tal reclamación porque se trata de cosas diferentes.

En consecuencia, dice don Quijote, “que cada uno tome lo que es suyo”, toda vez que la autoridad ha determinado y juzgado el caso como el Cielo ha ordenado. En otras palabras, alega el caballero manchego en su beneficio: “A quien Dios se la dio, San Pedro se la bendiga”.