Debo ser honesto con mis lectores: no tengo una respuesta; no sé quién sea el que responde a esos apelativos. Confieso que jamás había escuchado ese nombre hasta el día de ayer. Acostumbro resolver mis dudas consultando diccionarios o directorios: en ninguno aparece. En una conversación algunos amigos se refirieron a él como “un pinche actor mediocre”, “un comediante de segunda”. Ya con tal información evité perder mi tiempo en averiguar sobre don nadie.

Lo de “pinche”, aclararon los comensales, le quedaba de perlas porque él se refirió a una actriz, que todavía hace dos meses era desconocida, de nombre Yalitza Aparicio. Pues bien, mi mente guardó dos nombres de personas cuya existencia me era ignorada. Amplío el apunte informando al lector que en una reunión Goyri declaró que estaba molesto porque a la tal Aparicio la estaban mencionando para el Oscar de la Academia Cinematográfica. Estaba en contra de “que metan a nominar a una pinche india que dice ‘sí señora, no señora’…”.

Interesante concepto, viniendo de un actor de telenovela a quien ya se “nomina” el “Pinche Goyri”, digo, se lo ha ganado puesto que su empleo de ese culto vocabulario permite ser utilizado en este artículo.

Vamos reflexionando. Declarar que una persona no merece un premio o un simple reconocimiento porque es india nos muestra a un pelangoche racista. Traigo al papel un recuerdo que considero importante para el tema. En Chiapas durante la conquista, el virreinato y el Porfiriato se mencionó en manuscritos (de Sevilla o de la Capitanía de Guatemala) que había tres lenguas dominantes en Los Altos: tzotzil, tzeltal y chol. De vez en cuando se aludía a un grupo cuya lengua era distinta, les llamaban chanyabal (los de la cuarta lengua; chane es cuatro, yab es habla y al pertenencia). Así que existían miles de personas sin nombre. Eran indios, esa era su identidad. Por casualidad, en 1918, el ejército villista persiguió a los carrancistas expulsándolos hasta Guatemala. Regresaron los villistas y entregaron la tierra a los peones esclavizados en cada una de las grandes fincas. Fue entonces que apareció el nombre que se dieron cuando les preguntaban por su alias: somos tojolabales (“los legítimos hombres” o, también, “los que hablamos correctamente”).

Me perdonan, añado algo más. En los años que trabajé para los tojolabales nunca escuché el nombre Zapata, en cambio los indígenas sabían cantar casi todos los corridos de Pancho Villa. A Zapata se los encajó Marcos, un pseudomarxista norteño. Y, cuando empezaron en 1978 a vencer a las opresoras instituciones federales, los tojolabales compusieron una linda canción: Indio otik: somos indios (y orgullosos de serlo).

Esta larga digresión surgió de las inefables declaraciones de Goyri. Así que Yalitza Aparicio no merece el Oscar porque es india, ¡válgame Dios!, además de mal actor es racista.

Le den o no el premio de la Academia, ella ahora es reconocida en casi todo el mundo, mientras que Goyri es conocido en su casa y cuando se quita los zapatos. Nada qué ver, ni comparación entre ella y su denostador misógino y pinche.

Sabemos que la palabra indio, aplicada a los habitantes originarios de América, surgió del equívoco de Cristóbal Colón quien en sus primeros viajes creyó que había llegado a la tierra del Gran Kan o La India, por lo cual llamó indios a sus aldeanos. No había racismo, sólo ignorancia. El apelativo se quedó hasta el día de hoy. Y realmente resulta asombroso que un señor que aparentemente tiene una cultura mínima continúe con esa palabra en forma despectiva, porque, como hicieron los tojolabales, algunos aborígenes la reivindican.

Yalitza es una mujer oaxaqueña que habla la lengua mixteca, la de su pueblo, además del español y, me pregunto, si el inglés, puesto que se le ve contenta departiendo con actores gringos (de calidad, no pinches). En mi artículo del domingo anterior hablé de un mixteco que recibió un premio internacional de ecología. Así que los indios tienen demasiado que enseñarnos. Déjeme terminar diciendo que los mixtecos han logrado crear instituciones culturales y jurídicas muy importantes en California, Estados Unidos y que sostenían un periódico trilingüe mixteco, español e inglés (puse el verbo en pasado porque ignoro si todavía aparece).