Todos tenemos el derecho de hablar de nuestras opiniones, de diferir de otros y de expresarlas

Lo que tu hablas sobre mi, dice más de ti que de mí.” Si hay algo que descubre lo que llevamos por dentro, son nuestras palabras. Y es que usualmente el que se la pasa criticando “sabe” como vivir la vida de otros menos la propia. Es una tendencia natural del ser humano ser egoístas y soberbios; y de estas se derivan actitudes dañinas. Y el problema no está en que éstas surjan, el problema radica cuando permitimos que éstas se conviertan en un vicio que nos domine a diario. Todos tenemos el derecho de hablar de nuestras opiniones, de diferir de otros y de expresarlas.

Pero a veces no somos conscientes de lo que sale de nuestra boca, en ocasiones despotricamos porque algo nos molesta o nos parece insensato. Y es que hablar mal de otros también se vuelve una adicción, porque es más fácil ver los problemas de otros que mirar los propios. Hoy quisiera invitarte a reflexionar sobre qué sale de ti y qué sale de quien te rodeas. Bien dice el evangelio, “De la abundancia del corazón habla la boca”, y es que el escucharnos también es un indicador para saber como estamos. ¿Con quién estamos enojados y por eso respondemos con enojo y molestia? ¿En qué estamos frustrados? ¿Eso que no es algo mío porqué me parece tan ilógico? Recuerda que nadie está en tu contra, esa historia te la has creado tu.

Deja de juzgar a esa persona que te molesta tanto, que toleras poco, y examínate porque te es tan difícil aceptarla tal cual es. Juzgar a una persona no la define a ella, te define a ti. Identifica tu intención. ¿Porqué te molesta esa persona? ¿Existe alguna envidia, sentimiento de superioridad o rencor de hace tiempo? Miguel Núñez decía, “Dios escucha las palabras y las intenciones detrás de ellas.” Reflexiona ¿Cuáles son tus intenciones? ¿Hablar por hablar? ¿Confirmar que tú eres mejor? Recuerda que puedes destruir la imagen de una persona y al mismo tiempo, te destruyes a ti mismo. Aprender a escuchar a los demás por más que no estemos de acuerdo en sus decisiones, es síntoma de empatía, de apertura y de madurez. Si eres agresivo y te molestan las actitudes de otros, interioriza con quién es tu enojo o qué es lo que tanto te molesta. ¿Por qué estás enojado o insatisfecho contigo? Bill Bowen, diseñó un ejercicio de 21 días para cambiar tu vida.

Este radica en comprometerte sin quejarte, sin criticar y sin hablar mal de los demás. Cuando tu tomes la decisión y te comprometas a enfocarte en lo que te gusta y lo que te hacer sentir orgulloso, comenzarás a atraer más de lo mismo. La queja sólo hace que te enfoques en el problema y no en la solución, mientras que el criticar te infla tu soberbia y te aleja de la compasión. Eckhard Tolle decía que cuando cambias la forma de ver las cosas, las cosas cambian de forma. La clave está en movernos de lugar, en ver las cosas desde una nueva perspectiva, en pensar más antes de hablar y dejar de estar en automático. Medita en eso que estás sintiendo, identifica tus miedos e inseguridades y el porqué sientes la necesidad de hablar. Llénate de paz, de compasión, de empatía y comienza a esparcirlo. Llena tu corazón de eso. Recuerda que lo que sale de tu boca, habla de quién eres.