A una semana de participar en la más popular noche de la cinematografía mundial, una mexicana, profesora de primaria, indígena y que trabaja en una escuela de Oaxaca, es una de las candidatas al ‘Óscar’ para Mejor Actriz por su actuación en la película ‘Roma’.

Yalitza Aparicio ha concentrado la atención de todos los interesados en el cine, pero también se convirtió en un fenómeno más allá de la pantalla, más que por su debut en la actuación, por su condición de indígena mixteca.

En el último mes, una vez que se dieron a conocer las ternas para los premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood, la mexicana ha aparecido en las portadas de las revistas Vogue y Vanity Fair, y más recientemente en W Magazine, en un reportaje cuya sesión fotográfica fue dirigida por el mismísimo Alfonso Cuarón, director de ‘Roma’ y descubridor de Yalitza.

En esas fotos, Aparicio aparece frente a la valla fronteriza que separa a México y Estados Unidos en la ciudad de Tijuana.

“El muro convierte a las personas en enemigos sin ninguna razón”, explicó Cuarón durante la sesión fotográfica, y añadió: “(…) me preocupa más el muro invisible que divide las clases sociales y los orígenes. Esa es una barrera que aceptamos todos los días, sin darnos cuenta”.

Y es que la exposición de la oaxaqueña en esta especie de historia de Cenicienta, ha sacado sentimientos de orgullo por pate de muchos mexicanos, pero también desvela el racismo soterrado que persiste en buena parte de la población.

Trascendió la intención de un grupo de actrices mexicanas que pidieron a la Academia mexicana de cinematografía que Yalitza Aparicio no fuera nominada para Mejor Actriz en la entrega de los  ‘Ariel’. El antecedente de esta singular petición fue el señalamiento por parte de algunas personas en el sentido de que la oaxaqueña no “actuó” en ‘Roma’, sino que sólo hizo lo hace siempre.

Apenas el viernes, el actor Sergio Goyri fue grabado en una comida, insultando a Yalitza, a quien llamó “india”. Horas después ofreció disculpas por redes sociales.

Los anteriores sucesos son, lamentablemente, sólo botones de muestra de una realidad más extendida pero, como no es políticamente correcta, pocas veces es tan visible.

Lejos del racismo militante evidente en Estados Unidos y Europa, y en el peor extremo, en la Sudáfrica del apartheid, en México, no son pocos los habitantes de centros urbanos que miran y tratan con condescendencia a los indígenas y los migrantes centroamericanos  que en las avenidas de las ciudades esperan unas monedas a cambio de limpiar los vidrios de los autos.

Otra vez citamos a Cuarón, hablando sobre esta lastimosa realidad: “Creamos una división todos los días con las personas que nos rodean, y Yalitza proviene de un lugar que es fácil de poner de lado y olvidar. En México y en otros lugares, las personas que se parecen a Yalitza son inmediatamente clasificadas y consideradas indignas”.

Es posible que la conciencia de mexicanos racistas empiece a cambiar gracias a la actriz indígena.