FOTOS: ORLANDO SIFUENTES, OMAR SAUCEDO Y MAYRA FRANCO
Los que somos de Saltillo, ¿cuántas veces hemos visto la catedral?

Frente a ti hay dos imponentes edificios: uno, aparentemente idéntico al otro, pero diferente, difuso. En simetría perfecta. Un mundo gemelo opuesto que aparece cuando llegan los charcos, cuando te acercas a un cristal del aparador, y que permite ver, desde otro ángulo, las bellezas que se han vuelto cotidianas con el pasar de la vida rutinaria.

Los que somos de Saltillo, ¿cuántas veces hemos visto la catedral? Seguramente tenemos más de una foto donde estamos al frente de la imponente fachada, quizá junto a la fuente coronada de ninfas. Una postal común y un recuerdo obligado para los turistas que pasan por la capital coahuilense.

Pero existe una manera diferente de ver la cosas. A veces hay alguien que, acostumbrado a mirar las mismas imágenes de siempre, busca una forma nueva de ver lo común. Encontrar un reflejo se vuelve una tarea didáctica donde descubrimos un mundo al revés.

Y es también una manera de redescubrir la belleza que nos rodea y que ya nos ha dejado de sorprender; ojalá esta sea una invitación a redescubrir, desde cualquier reflejo, los magníficos cuadros a los que tenemos acceso cada día, tan solo con poner atención a nuestro alrededor.