6mil 510 aficionados, la mitad de los 12 mil 450 asistentes permitidos, fue la cifra oficial que anunció el sonido local. Mexsport / Francisco Rodríguez
Torreón vivió este domingo su primer partido con afición después de un año y el Santos respondió con victoria sobre Necaxa

TORREÓN.- La pandemia por el COVID-19 ha dejado fechas insigne: el primer contagio, la primera muerte, las mil muertes, la suspensión de clases y otras más. Para los aficionados al futbol, este 7 de marzo marcó el regreso al Estadio Corona, casa del Santos Laguna, después de casi un año de gritar goles desde el televisor.

Rubén Amador, fiel seguidor del Santos, no dudó en comprar boletos cuando se enteró de la autorización para regresar al estadio. “Ya de perdido para distraernos, que ya estábamos aburridos de estar en casa”, platicó el señor que acudió con su esposa.

Pasar el primer filtro era como superar un muro. Al cruzar, la gente se tomaba alguna selfie, cubrebocas incluido, casi como si llegar hasta este punto de poder entrar a un estadio de futbol un año después de una pandemia que ha dejado más de 190 mil muertes en México, fuera toda una hazaña.

Pero desde la entrada, la gente llegaba hasta con un halo de temor, como con miedo de que los regañaran. El cubrebocas siempre arriba. Si no se llevaba el verdiblanco en el pecho, al menos se llevaba en el cubrebocas. Todo era tan cuidadoso: persona para el gel antibacterial, persona para la toma de temperatura, doctora cuidando un acceso, cuerpo de seguridad que regañaba por la falta de distancia, policía estatal que pedía orden, trabajador del club vigilando, un hombre con un megáfono dando indicaciones; tan discreto y cauto que por momentos se extrañó el caos y los gritos, la cerveza y la anarquía. Más parecía la entrada a un centro de trabajo que a un estadio de futbol. No había gritos ni bromas, como si hablar fuera delito. Y para Darío, un padre de familia, casi que lo era.

Los protocolos de seguridad sanitaria fueron enérgicos, sin embargo, hubo algunos ‘malos aficionados’. Mexsport / Francisco Rodríguez

“Traje al niño porque ya quería venir, pero mi esposa no sabe. Ya le dije que no le comentara”, contó el padre. “Está bien. Se ve poca gente, no se ve tanta gente aglomerada, a ver qué tal se pone a la salida”, añadió.

Pero siempre hay quien se olvida de lo que se ha venido taladrando en casi un año de pandemia: sana distancia, no aglomeraciones. En el acceso, como si hubiera mucha ansia por volver a ver el pasto del estadio, la gente se aglomeraba para pasar su boleto. “Distancia, por favor, distancia”, pedía algún trabajador de seguridad. La persona con el megáfono pedía “hacer equipo y cuidarnos todos”, después de pedir que la gente siempre usara el cubrebocas, no fumara ni escupiera.

Media hora antes del juego, se dificultaba un poco controlar las aglomeraciones antes de entrar al estadio. “Necesitamos cultura, sana distancia”, pedía una doctora con bata de la Secretaría de Salud estatal. “Te encargo joven que les digas ‘sana distancia’”, ordenó la doctora. “Es que sí les digo pero no hacen caso”, respondió el guardia.

 

EL GRITO DE LA VICTORIA

Dentro del estadio, 6 mil 510 aficionados entraron según el sonido local, la mitad de lo que permitieron las autoridades (12 mil 450 asistentes habían autorizado). Se veían grandes huecos, pero también concentraciones en la parte central, en las gradas frente a las bancas de los equipos. Grandes manchones hacían dudar que realmente hubiera separaciones. La gente, acostumbrada a buscar el mejor lugar, optó por sentarse en la butaca con la mejor vista y fue imposible dispersar a ese puñado de aficionados.

En las cabeceras no había problema, era menos el público. La parte detrás de las bancas, la más costosa del estadio, era poca la gente.

La salida de los equipos a la cancha trajo aplausos que ya se extrañaban. Cada llegada del Necaxa, equipo rival, producía ese abucheo de la gente que también se extrañaba.

Al minuto 37, el canterano Santiago Muñoz abrió el marcador y con ello un grito de gol que no se escuchaba desde el tanto de Julio Furch contra el Atlas el primero de marzo de 2020. Adelante, Muñoz corre y se despliega con los pulmones de sus 18 años. La gente le aplaudió con enjundia cuando lo nombraron en las alineaciones porque reconocen en él, el presente y futuro.

En ese momento, entre la afición se olvidó el saludo de puño o de codo para dar una palmada.

Una primera mitad un tanto desabrida donde solo los locales intentaron llegar a portería contraria y lo consiguieron con el gol de Santiago Muñoz.

Para el segundo tiempo, el colombiano Juan Otero perforó las redes al minuto 53, un cañonazo que dejó inmóvil al arquero necaxista y que provocó el júbilo de la gente.

El Santos Laguna se sintió cómodo con el segundo gol. Por momentos comenzaron a pasear el balón.

Pero con la comodidad vino la cesión del balón y Necaxa comenzó a ganar terreno, hasta que al 77’ Daniel López descontó para la visita.

Al final Santos, fiel a su costumbre, con afición o sin afición, sufrió de más y casi pierde la ventaja, pero los necaxistas no supieron capitalizar el empate.

Ya en tiempo de compensación, el uruguayo Gorriarán selló el 3-1 para la victoria santista en el primer juego que regresa la afición al estadio.

Al final, la voz del estadio pedía salir conforme a los protocolos de salud: en orden y sin aglomeraciones. El estadio quedó sin gente, otra vez, 15 minutos después.