La estrategia del Gobierno británico para política exterior y de defensa contempla que el Reino Unido planea aumentar sus reservas de cabezas nucleares hasta un máximo de 260.

El Reino Unido aumentará sus reservas de cabezas nucleares hasta un máximo de 260, frente al tope de 180 que se había fijado para mediados de esta década, según la estrategia del Gobierno británico para política exterior y de defensa presentada hoy.

Pese a que en 2010 el Ejecutivo propuso reducir la capacidad nuclear de 225 a 180 ojivas, "el cambiante entorno de seguridad", con un "amplio rango de amenazas", hace que eso ya no sea posible, a juicio del Gobierno conservador de Boris Johnson, y por tanto se ampliará hasta las 260 cabezas.

Según la estrategia para la próxima década -conocida como la Revisión Integrada-, el Reino Unido mantendrá cuatro submarinos nucleares activos, con uno siempre en patrulla permanente, mientras que no ofrecerá cifras públicas sobre el número exacto de reservas del arma atómica para "complicar los cálculos de potenciales agresores".

En la presentación este martes de la estrategia en la Cámara de los Comunes, Johnson dijo que el primer resultado de esa revisión será un aumento de la inversión en defensa de 24,000 millones de libras (28.000 millones de euros) para modernizar las fuerzas armadas y renovar el arsenal atómico.

A juicio de la Revisión Integrada, es "probable" que un grupo terrorista lance un ataque "exitoso" con armas químicas, biológicas, radiológicas o nucleares antes de 2030, y además es una "posibilidad realista" que el patrocinio estatal del terrorismo aumente en los próximos años.

El documento establece de forma contundente cuál es la mayor "amenaza para la seguridad" del Reino Unido, Rusia, y el "mayor aliado" del país, Estados Unidos.

"Hasta que las relaciones con su gobierno mejoren, disuadiremos y nos defenderemos activamente contra todo el espectro de amenazas que emanan de Rusia", señala la estrategia.

Pese a todo, Londres sitúa como factor geopolítico más relevante la emergencia esta década de China como actor global, lo que convierte a ese país en la "mayor amenaza estatal" a la seguridad económica del Reino Unido, si bien reconoce el beneficio de mantener las relaciones bilaterales.