Algarabía. Alegres bebedores, un par de catrines, un sombrerudo, niños o por lo menos adolescentes, un bolero descalzo y un cochero de calandria aguarda la salida de un pasajero pasado de copas. CORTESÍA
Los espacios consagrados al culto del dios Baco tienen su historia

Recintos para la convivencia masculina, para muchos las cantinas son sagradas, con alcohol y música las penas son menos. La creencia popular dice que los fracasos y el desamor se curan en la cantina, aunque muchos hay que no necesitan razón alguna para asistir a ellas, solo se dan el gusto de ir a tomar unos tragos con amigos y compañeros de trabajo.

Desde su nacimiento las tabernas, piqueras y pulquerías han sido escenario de conflictos. En tiempos remotos, hombres y mujeres asistían por igual y compartían los mismos baños, caldo propicio para prostitución y violaciones; para prevenir estos delitos, en 1794 el virrey Juan Vicente de Güemes ordenó la construcción y separación de baños para cada sexo, la medida logró disminuir las agresiones hacia las mujeres, de igual manera las peleas disminuyeron, por lo menos en el interior, pero siguieron las riñas afuera.

Pocos años antes de la Independencia de México, las autoridades decidieron en definitiva restringir la entrada a mujeres, no regresarían a cantinas y bares, por lo menos de manera oficial, hasta 1982; cuando se levantó la prohibición.

Para hablar del origen, la palabra cantina deriva del idioma italiano cava de vino, es decir bodega o bóveda. Hay quienes aseguran que las cantinas nacieron durante la guerra entre México y Estados Unidos, soldados norteamericanos añoraban lugares donde poder embriagarse, por ello iniciaron lugares parecidos tanto al “saloon” de Estados Unidos y una versión europea del “cantuccio” italiano, palabra que significa esquina interna. Por lo general muchas de las cantinas se sitúan en la intersección de dos calles.

Antiguas consejas advierten que, durante la guerra de Reforma, los liberales vaciaron y vendieron las bodegas de vino del emperador Maximiliano y de muchos conservadores que apoyaban la causa, estos vinos que habían sido traídos de Europa, sentaron el inicio para la importación de vinos a nuestro país. A finales del siglo 19 la cerveza entró a las cantinas para quedarse, desde entonces han ocupado los primeros lugares en el gusto de muchos bebedores.

Al paso de los años, el concepto de cantina evolucionó, se incorporaron sillas de alambre retorcido, mesas con cubiertas de mármol, se dispusieron bancos a lo largo de la barra y un tubo de latón para descansar los pies. Otra mejora fue la instalación de espejos y anaqueles donde se mostraban innumerables variedades de vinos y licores. Otro signo inequívoco, fueron las famosas puertas de rejillas de vaivén. Meseros libreta en mano con su útil limpión colgando de la cadera estuvieron siempre atentos para escuchar la orden de “sírvete las otras”.

Para que los asistentes no se embriagaran tan rápido, las autoridades determinaron que, se debían ofrecer alimentos; así nacieron las famosas botanas, hoy en día en muchos lugares siguen siendo célebres y constituyen para muchos el principal atractivo de las cantinas, juzgue usted si no, taquitos de todo tipo de guisos, chicharrón, morcón, caldo de camarón, carne asada. sin faltar salsas picantes, todo servido durante la estancia y el fluido consumo. Entre más se tome, más botana se sirve.

PARA EL DISFRUTE

A principios del siglo 20 casi todos los hoteles en Saltillo contaban con cantinas, los bajos del hotel Coahuila, el viejo hotel Juárez por la calle de Castelar, el Central en la calle de la Cruz hoy Manuel Acuña, el Continental por la calle de De la Fuente, el Plaza frente a la Plaza de Armas, también el hotel Hidalgo, por Padre Flores, hotel Vega inicialmente situado frente a la plaza Tlaxcala, hoy plaza Manuel Acuña.

Famosas fueron las cantinas: La Lonja, La Saltillera, El Bravo, otra con el original nombre de Alsacia y Lorena y un sinfín de cantinas sin nombre, casi todas atendidas por sus propietarios.

Entre las cantinas y salones de billar que existieron en la antigua zona roja, situada en la calle de Terán hoy Dionisio García Fuentes fueron: La Flor del Líbano, La Conquista, Salón Apolo y El Gambrinos.

Otras salas más fueron: La Sierra Mojada, por la calle de la Huasteca hoy Abasolo, La Madrileña en la calle de Iturbide, hoy Perez Treviño.

La fotografía que acompaña el texto fue tomada hace 100 años por Alfonso de María Sánchez, es la cantina y billar de David Ramos, en la cual un numeroso grupo de alegres parroquianos con cerveza Azteca en mano, salen a desear salud al fotógrafo.

Quiero agradecer al Dr. Jorge Fuentes Aguirre por decirme el punto exacto de la cantina de David Ramos, esquina de Múzquiz y calle de la Cruz hoy Manuel Acuña. El doctor Jorge Fuentes recuerda el pretil sobre el portal del viejo edificio, me comentó que seguido pasaba por esos rumbos, cuando iba a ver a su novia Tere de León.