Historia. Representación del antiguo Mesón de Escobedo, óleo de Elisa de la Peña de la Fuente pintado en 1828. CORTESÍA
Estos espacios de descanso para los viajantes fueron muy populares en la ciudad

El hombre desde siempre ha tenido la necesidad de trasladarse a otros lugares, ya sea para buscar alimento, mejorar su calidad de vida, para comerciar bienes, por cuestiones bélicas y políticas, o por aventura y diversión. 

Sobre la red de caminos que partían de Roma, aparecieron los llamados Mansio, lugares que servían para alojar a funcionarios del gobierno romano. Paralelamente se desarrollaron las Cauponas, recintos que daban alojamiento a viajeros, ahí se podía descansar o pasar la noche. La ley romana establecía que, los dueños de las casas situadas cerca de algún camino estaban obligados a ofrecer hospedaje al que lo requiriera.

Otro establecimiento en la antigua Roma fue el Mutatio, lugar donde se podía pasar la noche, además proporcionar pienso a los animales que se utilizaban como transporte. Las Mutatio estaban localizadas cada 12 y 18 millas, se ofrecían servicios de reparación para las ruedas de los coches, comprar medicinas y la asistencia de un veterinario para caballos y bueyes.

TRADICIÓN QUE CRECE

Durante la Edad Media los castillos sirvieron como posadas para los peregrinos, sobre todo las órdenes religiosas daban albergue a muchos viajeros dentro de sus monasterios y conventos. En Inglaterra surgieron las posadas llamadas INN. Hasta hoy en día, estos lugares siguen operando como mesones o posadas destinados al turismo alternativo, como el ecológico, de exploración y aventura.

El historiador y cronista Luis González Obregón nos cuenta en su obra México Viejo, sobre del primer mesón establecido en la Ciudad de México, el cual abrió sus puertas el 1 de diciembre de 1525, Pedro Hernández Paniagua, primer mesonero de América, solicitó licencia al gobierno de la ciudad para abrir un mesón en su casa, donde pudo acoger viajeros y ofrecer lo necesario para la estadía, la calle donde estuvo el primer mesón se llama hasta la fecha Mesones.

Desde sus primeros años Saltillo ha sido una ciudad hospitalaria; fue por mucho tiempo el último punto de la entonces conocida civilización; recibió a las familias tlaxcaltecas para fundar el pueblo de San Esteban, así como a los que buscaban fundar otras zonas de las antiguas Provincias de Oriente.

Por muchos años del siglo 19 la tradicional feria del Saltillo, celebrada en los meses de septiembre y octubre, atraía a cientos de viajeros, a pesar de que la ciudad contaba con numerosos mesones y posadas, no se lograba abastecer la demanda de los visitantes, por lo que muchas familias alojaban en sus casas a comerciantes, clérigos, toreros y militares.

UN LUGAR HISTÓRICO

Un famoso e histórico mesón fue el del Toro, llamado así por estar situado en el callejón de ese nombre, hoy calle Castelar, su propietaria Dolores Pepi lo atendió por varios años. En 1863 Francisco Santa Ana regenteaba el mesón de la Palma, muy probable que estuviera ubicado por la calle de ese nombre, hoy calle de Lerdo de Tejada.

Por la década de los años setenta del siglo decimonónico existió el Mesón Del Refugio, propiedad de Juan P. Ramos, otro no menos famoso, fue el Mesón de Guadalupe de Eustaquio Pepi, situado por la calle Allende frente Plaza Tlaxcala, hoy Plaza Acuña.

Icónico mesón de la ciudad fue el de Esteban Múzquiz, llamado del Huizache, localizado en la calle Morelos 17, entre Ramos Arizpe y Pípila; por la calle Victoria se encontraba el mesón de San Esteban, lugar donde llegaban las diligencias los miércoles y domingos, este mesón con el tiempo se convirtió en el primer hotel de Saltillo.

Por el año de 1877 justo en la calle Santiago No. 7, hoy General Cepeda, y Castelar, operó el mesón y posada de Benito Goribar, recibía abonados e inquilinos, con un costo de 25 centavos por cuarto, además en mesa redonda, mesa compartida, se servían desayunos y meriendas por 19 centavos diarios, comidas por 38, y si se requería un colchón extra, había que pagar 13 centavos más, la cuota de piso por el carruaje eran des 13 y 3 centavos  por cada animal.

ACABAN EL SIGLO PASADO

Otro  mesón fue el de Belem, situado en el molino del mismo nombre, calle Urdiñola y Ateneo; antes de finalizar el siglo 19 estuvieron dando hospedaje varios mesones, como el establecido en la calle  Zaragoza No. 11 propiedad de  Benigno Leija, Francisco Flores Martínez, operaba el suyo en  la primera cuadra de Victoria, así como Santiago Alvarado en la segunda de Hidalgo No. 1.

Severiano Ávila en la calle Terán, hoy Dionisio Garcia Fuentes y otro más con el singular nombre mesón de Las Ánimas, por la calle de Hidalgo. Los últimos mesones operaron hasta los años treinta del siglo pasado.

En los últimos años, debido a los altos costos en los hoteles, surgió la compañía Airbnb, que se ha desarrollado fuertemente a nivel mundial, ofrece a través de las redes sociales el concepto de alojar a visitantes en sus propias casas, tal y como se acostumbraba en los viejos mesones y posadas.