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Las derrotas electorales de los partidos políticos, incluso las más estrepitosas, son algo normal en democracia, ya que significan que los votantes han castigado a una fuerza política que no ha dado los resultados o que se ha alejado de lo que ellos esperan. De hecho, la derrota es una clara señal de que es tiempo de emprender cambios profundos en los cuadros dirigentes, en el programa político y en la forma en la que el propio partido interactúa con los votantes. 

Debido a lo anterior, cuando un partido pierde de manera clara una elección en un país con democracia consolidada, la clase dirigente da un paso a un lado y deja el espacio para que venga una nueva generación o grupo a conducir el partido.

Derivado de los resultados de la jornada electoral del 1 de julio, se hubiera esperado que, en el seno de partidos como el PRI, PAN o PRD, se hubiera comenzado de inmediato un proceso de relevo en las clases dirigentes y la construcción de una estrategia diferente, que les permita ser una oposición que ofrezca alternativas que den confianza a los electores.

Sin embargo, el proceso de transición está siendo accidentado en estos partidos: las clases dirigentes se aferran a mantener el control del partido, impulsando a miembros de su propio equipo para quedarse al frente del partido. También tenemos a políticos de antaño que tienen 20 o 30 años en la primera línea, que insisten en ser participes del cambio, cuando difícilmente los electores van a creer que realmente hay una reforma, cuando los mismos personajes que causaron su debacle siguen al frente.

Para que un proceso de renovación de partidos funcione y los propios electores lo crean, este tiene que romper claramente con las inercias. Debe de parecerse al movimiento que llevó al poder a Tony Blair a finales de los años noventa en Reino Unido, o a José María Aznar, en la misma década en España, donde el grupo más fuerte del partido fue literalmente mandado a la sombra para que una nueva generación de políticos se hiciera cargo. 

La lentitud con la que se está dando el proceso de renovación del PRI, PAN y PRD pone en grave peligro nuestro actual sistema de partidos, ya que requerimos fuerzas políticas que puedan ser un contrapeso para Morena. Sin embargo, si no se renuevan en serio, la única forma en la que podrán volver a crecer electoralmente es si el gobierno de Andrés Manuel hace un pésimo trabajo.

¿Qué necesitan estos partidos políticos para renovarse? Primero, encontrar figuras nuevas, con valores diferentes y voces creíbles que puedan trasmitir un mensaje de cambio a los votantes; el segundo punto es tolerancia cero hacía la corrupción, no se puede negar que los escándalos de corrupción hundieron a los partidos y para recuperar la confianza tendrán que demostrar compromiso; y tercero, deben cambiar la forma de comunicarse, de interactuar y de colaborar con la ciudadanía, abriendo los espacios de los partidos a grupos ciudadanos.

@victorsanval
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