“La ciudadanía en las pasadas elecciones de 2018 mandó al PRI y a sus dirigentes y representantes con poder político un mensaje claro, muy fuerte: basta de corrupción, impunidad e inseguridad; basta de soberbia y desapego de las necesidades populares.

“Sin duda ese mensaje se lo ganó a pulso el PRI, fueron demasiados personajes a quienes el partido llevó a cargos de representación política que han saqueado y endeudado a sus estados, personajes corruptos y cínicos que abusaron de su cargo y privilegiaron el resolver y asegurar su situación económica y política personal, sobre la obligación de atender los problemas de las comunidades a las que juraron servir al asumir sus respectivos cargos”.

Leer las frases anteriores sin ser militante del PRI o habiendo sido siempre un crítico de los políticos mexicanos, sin duda lo primero que concita es empatía. Difícil estar en desacuerdo con un diagnóstico que tantas voces han sostenido durante tanto tiempo.

Pero una vez que se conoce al autor de las mismas, aun cuando no se antoja descalificarlas –porque son ciertas– queda la sensación de que están incompletas, que haría falta algo más para no sentirse tentado a devaluarlas, a restarles mérito.

Las frases anteriores constituyen el núcleo de la carta con la cual, ayer, renunció a su militancia en el PRI el exgobernador Rogelio Montemayor Seguy, quien hizo toda su carrera política dentro de dicho partido y ocupó importantes posiciones de elección y administrativas, merced a su pertenencia a un grupo de poder.

El diagnóstico –del partido en el cual militó largamente– que hace el exmandatario estatal es compartido por muchos. Pero muchas de las voces que comparten su opinión han hecho algo más: le han puesto nombre y apellido al señalamiento sobre los “personajes corruptos y cínicos” que, emanados de las filas del tricolor, “han saqueado y endeudado a sus estados… abusaron de su cargo y privilegiaron el resolver y asegurar su situación económica y política personal”.

A diferencia de muchas otras personas, probablemente Montemayor Seguy realice las afirmaciones a partir de contar con información que haría posible lo que muchos han demandado a lo largo de tanto tiempo: que se persiga y castigue a quienes han incurrido en las conductas que hoy denuncia el exmandatario estatal.

Unir su voz a la de quienes han denunciado largamente los excesos que desde el poder se cometieron al amparo de las siglas partidistas a las que Montemayor les ha dado la espalda, sin duda tiene un valor. Pero serían todavía más valiosas si a la denuncia genérica se añadieran datos, circunstancias, nombres y actos concretos.

Dejar las filas de un partido señalando públicamente el origen de las diferencias es un acto que implica el ejercicio individual de un derecho. Contribuir a que las conductas ilícitas sean castigadas sería un acto de enorme valor cívico que los ciudadanos agradeceríamos.

Rogelio Montemayor Seguy denuncia excesos que desde el poder se cometieron al amparo de las siglas del PRI, partido al que renunció.