ESMIRNA BARRERA
Joe Biden se irá encontrando con lastres en el camino, precisamente porque los males siempre dejan secuelas

Cuando la gestión presidencial de Donald Trump iniciaba, muchos advertimos que algo terrible pasaría por su manejo verbal y corporal: yo lo tildé de payaso.

No pasó mucho tiempo y el de la melena rubio platino empezó a desplegar actitudes de violencia y particularmente de odio racial hacia los latinos. Se recuerda la manera en que encaró a China y la guerra que propició en el mercado internacional de commodities.

Pero Trump ya no tiene el poder en Estados Unidos y pronto se le enjuiciará por segunda ocasión, pero en este nuevo juicio no contará con la investidura presidencial y sí con enemigos más poderosos. El mal manejo de la pandemia lo vino a sepultar.

Los males que generó este ambicioso político serán difíciles de erradicar con sólo retomar tratados internacionales o apoyar la producción de energías renovables, ya que con él se perdieron años entre el levantamiento de muros y el afán de fortalecer el estilo de vida tradicional de los estadounidenses, que ya no resulta posible.

Ahora en el replanteamiento de la política económica pública estadounidense, Joe Biden se irá encontrando con lastres en el camino, precisamente porque los males siempre dejan secuelas. Biden deberá explorar la posibilidad de apoyar a la clase media de su país promoviendo un cambio en el estilo de vida de sus gobernados, lo que parece muy difícil.

Y el replanteamiento se tiene que presentar en todas las economías domésticas respondiendo a la pregunta de cómo lograr el desarrollo económico sin menoscabar la calidad de vida de los humanos.

Ayer entrevisté al empresario social Federico Garza Santos en las instalaciones del Centro Eugenio Garza Sada. Habló ampliamente sobre la promoción del capitalismo social para atender los satisfactores de la población, como en su momento lo hicieran empresarios como don Eugenio, su abuelo paterno.

Comentó Garza Santos que el empresariado mexicano puede inspirase en un modelo que permita que los colaboradores de sus empresas se sientan satisfechos y plenos en sus empleos, porque cuando esto ocurre se genera un círculo virtuoso entre empresarios y colaboradores. Subrayó que las empresas deben ir más allá que perseguir utilidades, procurando la creación de valor social.

Históricamente se puede decir que el capitalismo social es un legado empresarial de Monterrey, Nuevo León, que tomó forma en su momento con el establecimiento de hospitales, centros escolares e instituciones académicas como el Instituto Tecnológico de Monterrey.

Los principios del capitalismo social son: libre emprendimiento, compromiso social, respeto a la dignidad humana y liderazgo humanista. A mi juicio es una plataforma válida.

El capitalismo social evita la voracidad de empresarios que especulan en el mercado de las inversiones, de los bienes raíces o en el mercado bancario. Las ganancias de los accionistas de empresas son necesarias para que puedan reinvertirse en la generación de empleos bien remunerados, pero deben ser ganancias vinculadas al bien común.

Si Joe Biden inspira su política económica en el capitalismo social la Unión Americana podría retomar su liderazgo mundial, lo que a México conviene porque somos su país vecino; podríamos ser sus mejores socios, pero nunca sus vasallos. Un replanteamiento de la relación México-Estados Unidos en el plano de justicia social y económica es lo deseable para que la relación entre ambas naciones sea tersa y de confianza.