Los ciudadanos son un grupo de individuos libres, racionales e iguales ante la ley, que en teoría, conocen sus derechos y participan en las decisiones públicas por medio de sus representantes y fundamentan el poder público. Dentro del contexto democrático, reconocen el derecho a ser parte activa de las acciones y decisiones que influyen en la comunidad política a la que pertenecen.

Con el apoyo de la política, encontramos la fuerza de la palabra y consolidamos avances gracias a la convivencia de todos los ciudadanos. El libre albedrío, la discusión y la discrepancia, hacen que cada vez el pueblo participe en la construcción de su propio destino.

La letra dice, que la democracia se basa en la amplia participación del pueblo en la elección de gobernantes, en la expresión libre de ideas y opiniones, en la toma de decisiones, en la defensa de derechos, en solucionar conflictos, así como en la acción organizada -por medio de partidos políticos- para procurar el bienestar colectivo. Es el derecho a la participación, el núcleo de los derechos políticos.

A pesar de estar reconocidos en nuestra Constitución, en México se advierten hasta el día de hoy, muchos desafíos para el ejercicio real de los derechos políticos. Muchos de los representantes, buscan monopolizar el poder político, esto no es exclusivo de regímenes autoritarios sino también democráticos. Particularmente, en nuestro país nuestros representantes, buscan por vías legales o extralegales:

  • Coartar la libertad de expresión
  • Se empeñan en los fraudes electorales
  • Apuestan por la opacidad…

Por lo tanto, no es raro que las elecciones signifiquen cada vez menos para la ciudadanía, ya que ven solo un ritual en el que pequeñas élites, se reparten el poder, en el que buscan poner a su servicio, el mandato popular. Tristemente, hoy existe una visión desencantada de que la democracia no produce incentivos para que la ciudadanía se interese no solamente en acudir en acudir a las urnas, sino participar activamente en la política.

Si los ciudadanos, solo acudimos a votar, pero luego nos olvidamos de la política y los políticos; y no procuramos la participación, aunque sea intermitentemente, el resultado es fácil de anticipar. Inevitablemente, sin la vigilancia ciudadana, los políticos disponen de un amplio margen de maniobra, que es terreno fértil para que florezcan la corrupción, los abusos y la impunidad. De ello depende que las autoridades no ejerzan el poder de una forma arbitraria.

En los próximos comicios, la política debe procurar al final, levantar los mas amplios consensos, para sacar adelante las propuestas no solo de los partidos sino también de la sociedad civil, para llevarlas al primer plano de los ámbitos de decisión legislativa y de ejecución.

Es tiempo de demostrar de que somos capaces sociedad y gobierno, para demostrar el gran tramo avanzado en la construcción de nuestra democracia, para poder decir que la política es fundamentalmente gobierno para todos. Vota, pero vota con mente y no solo en mensajes pegajosos y con miramientos infértiles.