ALEJANDRO MEDINA
Se puede recuperar el paisaje natural de las ciudades si hay participación social que promueva una nueva percepción del medio ambiente

Desde la creación de la Comisión Nacional de Áreas Protegidas (Conanp) el 5 de junio de 2000, la superficie protegida se ha incrementado considerablemente al pasar de 19 millones 799 mil 687 hectáreas a 25 millones 394 mil 779 hectáreas en 2013. Lo que ha decrecido es el financiamiento para una verdadera protección de las especies endémicas que allí habitan.

En la actualidad México cuenta con 176 Áreas Naturales Protegidas (ANPs) de competencia federal que protegen 25 millones 394 mil 779 hectáreas, 10.47 por ciento de la superficie terrestre y 2.45 por ciento de la superficie marina. En esta estadística no se cuentan áreas naturales protegidas municipales como la de Jimulco en Torreón, Coahuila, y la del Cañón y Sierra de Bustamante, en el municipio del mismo nombre en Nuevo León.

¿Para qué se necesita conservar los ecosistemas de la biodiversidad? Porque los niños de hoy y de mañana tienen derecho a ello. Así de simple.

Existen en el mundo 701 reservas de biosfera distribuidos en 124 países. Sin embargo, de acuerdo al prestigiado doctor en ecología, Sergio Guevara Sada, los espacios protegidos son necesarios en México y en el mundo, pero son insuficientes.

Comentó en su conferencia “La ciudad como reserva de biosfera” que desde el siglo 18 el modelo de explotación de recursos naturales causó la pérdida de manglares, bosques y selvas, aunque en el caso de algunos de los polígonos territoriales más explotados aún se mantiene mucha de su biodiversidad, lo que significa que el concepto de proteger ecosistemas no es completamente válido. Él interpreta esta situación como la gran capacidad de adaptación que tiene la tierra, tanta que tal vez el concepto correcto para nombrar a las ANPs es el de Áreas Protectoras.

Guevara Sada compartió los componentes de lo que es un Área Natural Protegida convencional a la que llamó, por su imagen gráfica, “huevo frito”, por tener al centro de manera circular la zona núcleo bordeada por un área de amortiguamiento, ambas rodeadas por un área circundante.

Con base en la ineficacia de este modelo de conservación él piensa más bien en Áreas Protectoras con una zona para la restauración y en donde todo el entorno sea adaptativo. Un Área Protectora en la que puedan transitar libremente las especies. Guevara prefiere un modelo de “huevo revuelto” a uno de “huevo frito”. Esto implica la presencia del género humano cohabitando con la natura.

Actualmente el 78 por ciento de la población del mundo vive en ciudades ocupando un 3 por ciento del territorio mundial y consumiendo el 75 por ciento de lo que se produce en el planeta. Esta población genera el 80 por ciento de los gases de efecto invernadero que generan el cambio climático.

Guevara también piensa que como la primera experiencia con la naturaleza que tiene el 60 por ciento de las personas es en una ciudad, muy bien podrían crearse reservas de biosfera citadinas que ayudarían mucho a moderar el clima aprovechando corredores biológicos existentes que pudieran ser restaurados.

Se puede recuperar el paisaje natural de las ciudades si hay participación social que promueva una nueva percepción del medio ambiente, que concientice que los recursos naturales no son inagotables.

Hay ríos citadinos que han sido rescatados, aun los que están canalizados en tuberías. Las reservas de biosfera urbana no son una utopía. Ya nos percatamos que en nuestra ausencia de las calles, la naturaleza citadina se ha dado la oportunidad de volver a despertar.