Aunque sea más llamativo, sorprende menos el choque entre Trump y la demócrata Nancy Pelosi al respecto de Siria, que las disputas que Trump está sosteniendo de manera pública con destacados republicanos como el senador Lindsay Graham, especialmente cuando esto está ocurriendo en pleno proceso de impeachment, en los momentos en que más apoyo necesita el presidente. Esta semana, Trump sufrió un fuerte revés cuando 358 representantes, lo que incluyó dos tercios de la bancada republicana, emitieron una condena a su decisión de retirar las tropas estadounidenses de Siria. ¿Qué es lo que está logrando esta rara unificación de posiciones entre republicanos y demócratas precisamente en los días de mayor polarización entre ellos?

Lo primero es un mensaje que comunica que Washington parece estar dispuesta a abandonar a sus aliados si es que considera que esas alianzas han dejado de servir a sus intereses inmediatos. Además, al margen de Trump, EU lleva años dando signos de su falta de determinación, de su indiferencia ante los vacíos que sus abandonos puedan provocar. Al final, estas señales son percibidas como síntomas del declive relativo de la superpotencia. Inmediatamente entonces, está un segundo factor, la intervención turca en Siria a fin de hacerse de una franja de seguridad con 30 km en su búsqueda por arrebatar parte del territorio que los kurdos, aliados de EU, habían adquirido. El tercer factor es la propia dinámica de la guerra siria. En ésta, gracias al apoyo de Rusia e Irán, el presidente Assad prácticamente ha derrotado a las milicias rebeldes que se lanzaron en su contra desde 2011. Independientemente de que esa no fue la causa que orilló a Obama a desplegar dos mil tropas en ese país (que luego con Trump quedaron solo en 1000), sino ISIS, la presencia estadounidense funcionó desde entonces como un elemento disuasivo en contra de múltiples actores que en esos tiempos habían incursionado en ese conflicto. No es, entonces, de sorprenderse que tanto Assad como Rusia e Irán quieran aprovechar ahora el vacío que EU está dejando para ir penetrando esas zonas.

Un cuarto factor es la potencial recuperación de ISIS y un quinto factor es, naturalmente, la búsqueda de nuevas alianzas por parte de los propios kurdos. Inmediatamente inició la incursión turca, éstos entraron en negociaciones con Assad (enemigo de Washington) para garantizar su protección y supervivencia.

Rusia incluso ha ido más lejos. Dadas sus relaciones con Ankara, Putin se está presentando como el mediador entre el ejército turco y el ejército sirio, lo que le sirve no solo para fortalecer su presencia sino para reafirmarse como la superpotencia con la cual hay que negociar en esa región. Esto incrementa la capacidad del Kremlin para influir en las decisiones y eventos relativos tanto a Siria, como a una esfera regional mucho más amplia. En ese sentido, la visita de Pence y Pompeo a Turquía tuvo el objetivo no únicamente de convencer a Erdogan de detener su ofensiva, sino también de arrebatar a Moscú la iniciativa que Trump le había otorgado unos días atrás. En suma, más que una presencia militar considerable, lo que las mil tropas estadounidenses en Siria representaban, era un último reducto de la disposición de la superpotencia a primero, respaldar a sus aliados, y segundo, a contener la presencia de sus rivales geopolíticos. La decisión de abandonar esa posición provoca (o quizás confirma) ya no solo un vacío, sino la sensación de que los compromisos globales que EU se autoconstruyó a lo largo de décadas, hoy le están quedando demasiado grandes.

@maurimm